Hay regiones que saben cómo hacer que sus estudiantes terminen sus carreras a tiempo. Castilla y León es una de ellas. Las estadísticas de rendimiento académico sitúan a la comunidad autónoma en posiciones de privilegio dentro del sistema universitario español (SUPE). Sus tasas de idoneidad —el porcentaje de alumnos que se gradúa en los años previstos en el plan de estudios— alcanzan un notable 44,7% en los títulos de grado y un sobresaliente 84,4% en máster, consolidando a la región entre las cinco mejores de todo el territorio nacional.
A esta eficiencia en las aulas se suma una notable capacidad de seducción exterior. Las universidades castellanas y leonesas registran una tasa de atracción de estudiantes internacionales del 11,1% a través de matrícula ordinaria, la tercera más alta de España. Este flujo constante de talento extranjero convive con una actividad investigadora de primer nivel donde la mujer gana terreno: el 44,2% de los autores en publicaciones científicas son mujeres, el cuarto registro más alto del país. Además, el ecosistema universitario de la región demuestra un fuerte empuje innovador, situándose como la segunda comunidad con más solicitudes de patentes nacionales por docente investigador.
Sin embargo, detrás de estas cifras de excelencia se esconde una realidad incómoda. La primera señal de alarma llega por la vía de la preinscripción. El 14,9% de las plazas públicas ofertadas en la comunidad se queda sin cubrir, lo que sitúa la tasa de ocupación en un 85,1%. Es un dato preocupante que solo empeora en Extremadura y Canarias, y que refleja una preocupante desafección o un desajuste entre lo que se ofrece y lo que los jóvenes demandan.
El verdadero talón de Aquiles, no obstante, está en el futuro profesional de quienes consiguen su título. Castilla y León registra el tercer porcentaje más bajo de titulados en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), con apenas un 14,3%. En plena era de la transformación digital, la región parece desconectarse de las carreras que mayor empleo y valor añadido generan.
Para colmo, quienes deciden estudiar aquí se topan al salir al mercado con una barrera invisible pero muy real. La comunidad autónoma arrastra la segunda mayor brecha salarial de género en graduados universitarios de toda España, cifrada en un 8,4%. Solo la Comunidad de Madrid, con un 9,3%, supera esta diferencia de ingresos entre hombres y mujeres apenas unos años después de terminar la carrera. El informe de la Fundación CYD —presidida por Ana Botín y respaldada por grandes corporaciones del país— deja así un mensaje nítido: formar bien ya no es suficiente si el mercado laboral sigue reproduciendo las desigualdades del pasado.
