El arranque oficial de la canícula, el tradicional periodo comprendido entre el 15 de julio y el 15 de agosto donde el sol castiga con más fuerza la península, ha dejado de ser una transición progresiva para convertirse en un golpe de realidad climática. En este verano de 2026, los termómetros no han esperado al ecuador de julio para desbocarse. Las últimas semanas ya han dejado una atmósfera recalentada y, lejos de vislumbrar un respiro, los meteorólogos vigilan con preocupación los mapas ante la inminente llegada de la tercera ola de calor de la temporada.
Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirman que no estamos ante un estío cualquiera. La primera mitad de este verano ya se ha coronado de forma oficial como la más cálida de toda la serie histórica en España. Cada jornada transcurrida ha pulverizado los valores promedio, consolidando una tendencia de noches tropicales y jornadas asfixiantes que está poniendo a prueba la resistencia de la población y de los ecosistemas.
El escenario a corto plazo se presenta especialmente adverso. Este mismo miércoles, el mapa del país se ha teñido de alertas, activándose los avisos rojos por calor —el nivel máximo de riesgo para la salud— en puntos clave del tercio norte y del este peninsular. Las previsiones se están cumpliendo a rajatabla en lugares como el litoral valenciano y la Ribera del Ebro en Zaragoza, donde las máximas escalan con facilidad hasta los 42 grados. El resto del arco levantino y amplias zonas del interior permanecen bajo el yugo de los avisos naranjas y amarillos, dibujando un panorama de calor extremo generalizado.
Sin embargo, el verdadero núcleo de la tercera ola de calor se ensañará con el sur de la península. Los modelos predictivos apuntan a que este nuevo episodio extremo se desencadenará oficialmente a partir de este sábado 18 de julio, prolongándose como mínimo hasta mediados de la próxima semana. El principal foco de impacto se concentrará en Andalucía, una comunidad habituada al rigor del verano pero que en esta ocasión se prepara para ver cómo los termómetros rozan los 45 grados en varias de sus provincias.
Este repunte térmico vendrá tutelado por la entrada de una masa de aire africano que afectará con especial virulencia a la parte oriental andaluza. Este reventón cálido llegará acompañado de una densa capa de calima, suspendiendo millones de partículas de polvo sahariano en el aire y empeorando la calidad del mismo. La interacción de este ambiente reseco con la orografía de las zonas de sierra podría desencadenar tormentas secas o lluvias de baja intensidad que, al unirse al polvo en suspensión, darán lugar a las molestas lluvias de barro. España se adentra en su mes más crítico con el agua al límite y la certeza de que el clima está redibujando los límites de lo soportable.
