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Expertos sugieren rescatar series de animación clásicas para gestionar el consumo de pantallas en verano

Frente a la dispersión de los vídeos cortos en redes sociales, la psicología de la salud mental señala el valor pedagógico y el impacto en los vínculos familiares de la ficción infantil tradicional.

El incremento de horas libres durante los meses estivales altera las dinámicas cotidianas en los hogares. El cierre de los centros educativos, sumado al mantenimiento de la actividad laboral de los adultos, deriva habitualmente en un aumento en el consumo de pantallas en verano. Televisores, tabletas y teléfonos móviles concentran buena parte del tiempo de ocio infantil, donde predominan las plataformas de vídeo corto estructuradas mediante algoritmos de recomendación.

Frente a la dificultad de supervisar estos contenidos fragmentados, la psicología de la salud mental pone el foco en los procesos de aprendizaje por observación. Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, señala que el desarrollo cognitivo y conductual de los menores depende en gran medida de las experiencias y modelos a los que se exponen. Cuando la selección de contenidos queda en manos de la automatización digital, los referentes formativos quedan desvinculados de un criterio pedagógico.

Como alternativa al consumo aleatorio, la especialista plantea la recuperación de producciones audiovisuales clásicas que incorporen narrativas estructuradas. Una de las obras de referencia citadas es la serie de animación Campeones: Oliver y Benji, debido a su tratamiento de la competitividad saludable, el trabajo en equipo, la empatía y el respeto hacia el oponente.

El análisis de la psicología de la salud mental destaca la forma en que estas ficciones abordan la rivalidad. Lejos de presentar al adversario como un elemento hostil, el desarrollo de las tramas posiciona la confrontación deportiva como un mecanismo de crecimiento personal y superación. Comprender la competencia como un estímulo para elevar el esfuerzo propio contribuye a la asimilación de la gestión de la frustración.

En el plano narrativo, la utilización de monólogos internos donde los personajes verbalizan sus emociones antes de la toma de decisiones facilita que los espectadores identifiquen y procesen estados afectivos complejos. Este recurso ofrece pautas implícitas sobre la regulación emocional durante el juego y la interacción social.

Por otro lado, la visualización compartida de estos contenidos entre adultos y menores aporta un componente de interacción intergeneracional. La experiencia conjunta de un espacio de ocio fortalece el vínculo afectivo en la infancia temprana, etapa en la que la integración en el entorno de referencia resulta clave para el desarrollo.

La indicación técnica para la gestión del ocio digital durante la época estival prioriza la selección consciente de los contenidos audiovisuales y la presencia activa de los progenitores, orientando el uso de la tecnología hacia entornos de consumo planificado.

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