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No tires tus gafas del eclipse solar a la basura ni las guardes en un cajón para la próxima vez

Cómo gestionar la vida útil de los visores solares tras el fenómeno astronómico para proteger la retina y cuidar el medio ambiente.

El eclipse solar ha terminado, la penumbra ha dado paso de nuevo a la luz cotidiana y en la mano te ha quedado un pedazo de cartón con dos láminas oscuras que parecen película fotográfica barata. Millones de personas en España se encuentran exactamente con el mismo objeto en la mesa. La tentación inmediata es doble y opuesta: o va directa a la papelera más cercana o termina olvidada en el fondo de un cajón bajo la premisa de «ya me servirá para el próximo». Ambas opciones son un error.

Saber qué hacer con estos visores es una cuestión de conciencia ambiental, pero también de salud ocular a largo plazo.

Si decides conservarlas, la primera regla es comprobar la fecha de caducidad implícita y la calidad del material. Las gafas con filtro ISO 12312-2 hechas de polímero negro moderno no «caducan» técnicamente si no sufren arañazos ni dobleces. Sin embargo, el almacenamiento doméstico es traicionero. Basta con que una llave roce el filtro en un cajón o que la humedad afecte la película protectora para que se microperfore. Usar unas gafas dañadas en un evento futuro es la vía rápida hacia una lesión retiniana irreversible, ya que el ojo no siente dolor mientras el rayo solar se filtra por un rasguño imperceptible. Si el filtro tiene el más mínimo rasguño, perforación o pliegue, su vida útil ha terminado de forma definitiva.

Si toca deshacerse de ellas, la trampa del reciclaje salta a la vista. Las gafas para ver el eclipse no son solo cartón. No se pueden tirar enteras al contenedor azul.

Para reciclar las gafas del eclipse de forma correcta, hay que tomarse treinta segundos y separar los componentes. El marco y las patillas, siempre que sean de cartón simple sin capas plásticas complejas, van al contenedor azul de papel y cartón. Las lentes, hechas de polímero aluminizado o filtro mylar, no son reciclables mediante los canales domésticos habituales. Esas pequeñas láminas deben recortarse y depositarse en el contenedor de restos (gris o verde oscuro) o, en su defecto, llevarse a un punto limpio municipal si buscas una gestión de residuos impecable.

Existe, además, una tercera vía mucho más sensata antes de optar por el cubo de la basura: la donación a astrónomos sin fronteras o iniciativas educativas. Múltiples organizaciones sin ánimo de lucro recogen visores en buen estado tras eventos masivos en Europa para enviarlos a colegios y comunidades en países donde se vivirán próximos eclipses solares y los recursos para comprar protección homologada son escasos.

Darle un destino adecuado a ese pequeño trozo de cartón no requiere un máster en gestión ambiental, solo un par de tijeras y un gesto responsable antes de pasar página al último gran espectáculo del cielo.

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