El tablero económico internacional se enfrenta a una profunda reconfiguración donde la eficiencia cede el paso a la resiliencia y la seguridad. La interdependencia entre las tensiones geopolíticas y los mercados financieros ha obligado a Coface, líder mundial en gestión de riesgo de crédito comercial, a revisar a la baja sus estimaciones macroeconómicas. En el marco de la 29ª edición de la Conferencia de Riesgo País de Madrid, organizada en colaboración con CaixaBank, la entidad ha rebajado tres décimas su previsión de crecimiento del PIB mundial para este año 2026, situándolo en el 2,3 % frente al 2,6 % proyectado el pasado mes de febrero.
Este recorte de expectativas también impacta directamente en la economía española. Coface ha ajustado la previsión de crecimiento de España al 2,2 %, tres décimas menos que hace un trimestre, reflejando cómo los conflictos internacionales y las barreras comerciales repercuten de forma directa en el tejido empresarial doméstico.
Ormuz y la amenaza de estanflación global
El análisis de vulnerabilidad, expuesto por Bruno de Moura Fernandes, jefe de Macroeconomía de Coface, sitúa el foco de riesgo en Oriente Medio. Una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz —vía por la que circula el 20 % del crudo mundial— dispararía los costes no solo energéticos, sino de sectores estratégicos como la automoción, la tecnología o los fertilizantes. A ello se suma la carrera internacional por el gas natural, que presiona al alza los precios en Europa y Asia debido a unos inventarios de reserva inusualmente bajos.
Esta coyuntura alimenta el fantasma de la estanflación. Según los expertos, los precios de los insumos (materias primas y logística) crecen a mayor velocidad que los precios de venta finales, reduciendo drásticamente los márgenes de beneficio. Como consecuencia directa, el ecosistema corporativo global sufre: las insolvencias empresariales acumulan una tendencia al alza que supera los niveles previos a la pandemia y se estima un incremento global de los concursos de acreedores del 6 % para el presente ejercicio.
El contraste de la economía española
El debate sobre el panorama nacional evidenció una dualidad estructural. Aunque los indicadores macroeconómicos muestran una resistencia superior a la media de la eurozona, los expertos señalaron síntomas de agotamiento competitivos. Antonio Bonet Madurga, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, advirtió que el PIB per cápita en España permanece prácticamente estancado desde la crisis de 2008.
| Indicador Económico (España) | Dato Actual / Previsión 2026 | Tendencia / Contexto |
| Previsión PIB Coface | 2,2 % | Rebaja de 0,3 % respecto a febrero |
| Crecimiento exportación bienes | 0,7 % (cierre 2025) | Estancamiento por debilidad europea |
| Insolvencias empresariales | +2 % | Presión por costes laborales y fiscalidad |
El encarecimiento de la mano de obra, el absentismo, la burocracia y la imposibilidad de trasladar los costes al consumidor penalizan especialmente a las pymes, estimándose un repunte del 2 % en las insolvencias nacionales este año. La nota positiva la aportan las smallcaps (pequeñas cotizadas), que según Alfredo Echevarría (Instituto Español de Analistas) mantienen una sólida evolución de ingresos y márgenes de EBITDA gracias a su alta flexibilidad.
Hacia un orden económico fragmentado
La cumbre, que coincide con el 80º aniversario del Grupo Coface, sirvió para certificar el fin de la globalización tal y como se conocía desde la Posguerra Fría. Catedráticos e investigadores como Rafael Pampillón y Carlota García Encina coincidieron en que conceptos como la «autonomía estratégica» y la «seguridad económica» dictan ahora las agendas de las grandes potencias. Ante el intervencionismo de Estados Unidos y China, Europa se ve forzada a reescribir sus alianzas comerciales buscando mercados alternativos como América Latina o acelerando pactos multilaterales como el de la Unión Europea y Mercosur.
Para las direcciones financieras de las empresas, la prioridad ha cambiado: la meta ya no es optimizar costes, sino garantizar la flexibilidad operativa ante ciberataques, bloqueos regulatorios o volatilidad de divisas. En esta transición hacia activos intangibles, la Inteligencia Artificial emerge como el gran vector para recuperar la productividad europea perdida en un contexto de envejecimiento demográfico y escasez de talento.