
Gestionar el estrés, vigilar la presión arterial y mantener una vida activa no son simples recomendaciones de bienestar. Estas medidas forman parte de una estrategia preventiva que puede ayudar a conservar las capacidades cognitivas y proteger el sistema nervioso.
Con motivo del Día Mundial del Cerebro, celebrado cada 22 de julio, la Fundación Casaverde ha pedido reforzar la concienciación sobre el cuidado del órgano que controla la memoria, las emociones, el movimiento y buena parte de las funciones vitales.
La jornada, impulsada por la Federación Mundial de Neurología desde 2014, centra su edición de 2026 en la necesidad de garantizar el acceso a la salud cerebral para toda la población.
El mensaje también llega a la población de León: cuidar el cerebro requiere constancia, prevención sanitaria y hábitos saludables mantenidos durante todas las etapas de la vida.
Cómo proteger la salud cerebral desde la vida diaria
La directora de la Clínica Casaverde Murcia, María Morejón, considera prioritario incorporar una rutina preventiva que incluya el control de los principales factores de riesgo cardiovascular.
“Es prioritario mantener una buena salud cardiovascular, teniendo a raya la tensión arterial, el azúcar y el colesterol. Asimismo, es fundamental evitar el sedentarismo e incluir rutinas diarias de ejercicio físico”, señala la especialista.
La relación entre el corazón y el cerebro resulta especialmente estrecha. De hecho, la hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable del ictus. Las personas con hipertensión presentan un riesgo casi tres veces mayor de sufrirlo que aquellas que mantienen una presión arterial normal.
Además, la Sociedad Española de Neurología estima que hasta el 90% de los ictus podría prevenirse mediante el control de los factores de riesgo y la adopción de hábitos saludables.
Por tanto, revisar de forma periódica la tensión arterial, la glucosa y el colesterol puede resultar determinante. También conviene seguir las indicaciones médicas cuando exista hipertensión, diabetes u otra enfermedad cardiovascular.
Ejercicio, alimentación y ausencia de hábitos tóxicos
La prevención también pasa por reducir el sedentarismo. Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar otra actividad física adaptada a la edad favorece la circulación sanguínea y ayuda a controlar el peso, la tensión y el azúcar.
La Organización Mundial de la Salud recomienda combinar el ejercicio con una alimentación equilibrada, el abandono del tabaco y la reducción del consumo de alcohol. Estas medidas protegen la salud cardiovascular y pueden disminuir el riesgo de deterioro cognitivo.
Morejón insiste, además, en la necesidad de “eliminar factores de riesgo cotidianos y fomentar el entrenamiento mental”. Para ello, recomienda evitar el tabaquismo, limitar el alcohol y priorizar alimentos saludables.
La dieta mediterránea reúne buena parte de esas características. Frutas, verduras, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva forman una pauta alimentaria asociada a una mejor salud cardiovascular y cognitiva.
El alcohol no explica por sí solo un porcentaje elevado de los casos de demencia. Sin embargo, sí figura entre los factores modificables identificados por la evidencia científica.
La Comisión de The Lancet estima que actuar sobre 14 factores de riesgo modificables podría prevenir o retrasar hasta el 45% de los casos de demencia. Entre ellos aparecen la hipertensión, el colesterol LDL elevado, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física, la pérdida auditiva o el aislamiento social.
El estrés prolongado también afecta al cerebro
El estrés puntual forma parte de la respuesta normal del organismo. No obstante, cuando se mantiene durante semanas o meses puede alterar el sueño, la concentración, la memoria y el equilibrio emocional.
Laura Martín-Romo, neuropsicóloga del Hospital Casaverde Extremadura, advierte de que el estrés sostenido puede producir cambios en áreas cerebrales relacionadas con el aprendizaje y la memoria.
La especialista señala especialmente al hipocampo. Esta región participa en la formación de recuerdos y puede verse afectada cuando el organismo permanece sometido a niveles elevados de estrés durante periodos prolongados.
Por este motivo, Martín-Romo sostiene que “gestionar el estrés no es solo un consejo de bienestar, sino un auténtico acto de neuroprotección”.
El estrés crónico también puede alterar la regulación inmunitaria y favorecer un estado inflamatorio perjudicial para el sistema nervioso. Por ello, los expertos recomiendan identificar sus causas, establecer pausas, mantener vínculos sociales y solicitar ayuda profesional cuando interfiera en la vida diaria.
Dormir bien ayuda a consolidar la memoria
El descanso constituye otro de los pilares de la salud cerebral. Durante el sueño, el cerebro organiza información, consolida recuerdos y desarrolla procesos esenciales para su recuperación.
Mantener horarios regulares, evitar estimulantes durante las últimas horas del día y reducir la exposición a pantallas antes de acostarse puede favorecer una rutina de sueño más estable.
Sin embargo, los problemas persistentes de insomnio, los despertares frecuentes o la somnolencia diurna requieren una valoración sanitaria. Dormir mal de manera continuada no debe considerarse una consecuencia inevitable de la edad.
Mantener el cerebro activo crea reserva cognitiva
Leer, aprender un idioma, tocar un instrumento, conversar, jugar o participar en actividades culturales ayuda a estimular diferentes funciones cerebrales.
Además, la actividad intelectual y social favorece la denominada reserva cognitiva. Este concepto describe la capacidad del cerebro para tolerar mejor los cambios asociados al envejecimiento o a determinadas enfermedades.
La Fundación Casaverde recomienda incorporar estas actividades de manera habitual. No es necesario realizar ejercicios complejos. Aprender algo nuevo, cambiar recorridos cotidianos o recuperar una afición también obliga al cerebro a establecer y reforzar conexiones.
La investigación ha encontrado, además, evidencias de formación de nuevas neuronas en el hipocampo de personas adultas sanas, incluso durante edades avanzadas. Un estudio publicado en Nature Medicine identificó neuronas inmaduras en personas de hasta la novena década de vida.
Siete pilares para cuidar el cerebro
Las recomendaciones de los especialistas pueden resumirse en controlar la tensión, el azúcar y el colesterol; practicar ejercicio; evitar el tabaco; reducir el alcohol; seguir una dieta equilibrada; dormir correctamente; gestionar el estrés y mantener una vida intelectual y social activa.
Estas medidas no eliminan por completo el riesgo de desarrollar Alzheimer, Parkinson u otras enfermedades neurológicas. La edad, la genética y las condiciones ambientales también influyen.
Sin embargo, adoptar hábitos saludables de forma temprana puede retrasar el deterioro, preservar la autonomía y mejorar la calidad de vida.
La Fundación Casaverde defiende, por último, una respuesta compartida. El cuidado cerebral depende de las decisiones individuales, pero también del seguimiento sanitario y de políticas públicas que faciliten la prevención.
