ActualidadEconomíaEmpresa

La ley antitabaco acorrala el humo en las terrazas y abre un duro choque político

Sanidad amplía los espacios libres de nicotina tras años de bloqueo, aunque los colectivos de la salud advierten de lagunas clave en el texto final.

Quien haya intentado tomar un café tranquilo en la terraza de un bar en los últimos años conoce la escena: la corriente de aire que cambia de dirección y convierte el almuerzo en un cenicero improvisado. Esa rutina tiene los días contados. Tras meses de borradores cajoneados y presiones cruzadas, el Consejo de Ministros ha dado luz verde al anteproyecto que aspira a transformar de nuevo los hábitos de consumo en la calle.

La nueva ley antitabaco no busca medias tintas en su redacción inicial. El objetivo central es romper de raíz la asociación mental entre ocio y consumo de nicotina, un vínculo histórico que ha ralentizado el descenso en las cifras de adicción. De salir adelante en sus términos actuales, las terrazas de hostelería, las playas, las piscinas comunitarias y los eventos al aire libre como festivales o conciertos pasarán a ser espacios libres de humo.

Desde la organización Nofumadores.org califican el paso de «hito histórico». Su presidenta, Raquel Fernández Megina, subraya el impacto directo que esto tendrá en la salud pública, recordando que la medida no solo protege el derecho de los usuarios a respirar aire limpio, sino que responde a una deuda histórica con los trabajadores del sector. Miles de camareros continúan expuestos a diario a un entorno nocivo durante jornadas completas de trabajo.

Un punto determinante del texto radica en la equiparación del vapeo y cigarrillos electrónicos con el tabaco tradicional. El auge de los dispositivos de vapeo entre los más jóvenes —con aromas atractivos y un marketing diseñado para esquivar barreras estratégicas— ha encendido las alarmas de los epidemiólogos. Restringir la venta de productos con nicotina exclusivamente a estancos y tiendas especializadas frena la compra por impulso en canales no controlados.

Sin embargo, el optimismo entre los colectivos sanitarios es cauteloso. Ninguna reforma legal nace perfecta y esta no es una excepción. Quienes llevan décadas batallando contra el tabaquismo señalan omisiones difíciles de justificar a estas alturas. La más flagrante es la ausencia del empaquetado neutro, una herramienta que ha demostrado su eficacia en países como Australia o Francia al despojar a los paquetes de cualquier elemento visual de atracción, especialmente diseñado para seducir a los adolescentes.

Tampoco se aborda de forma tajante la erradicación de las máquinas expendedoras de tabaco, un canal que, pese a los controles teóricos, sigue facilitando el acceso temprano a una adicción cuya edad media de inicio se sitúa actualmente en los 14 años. La falta de detalle en la señalización obligatoria de los nuevos espacios acotados presagia además problemas de aplicación práctica si no se delimita con claridad dónde empieza y acaba la prohibición.

El texto inicia ahora su travesía más convulsa: la tramitación parlamentaria. La oposición ya ha empezado a calificar la iniciativa como una maniobra de distracción política, una etiqueta que disgusta profundamente a las plataformas de salud, que recuerdan que este plan técnico lleva años fraguándose en los despachos de Sanidad al margen de la coyuntura del momento. El Congreso tendrá la última palabra para enmendar, recortar o blindar una norma llamada a cambiar, una vez más, la fisonomía de las calles.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba