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La ola de calor en Europa tensiona el mercado del cereal y dispara los precios del maíz y la cebada en la Lonja de León

El calor extremo compromete la floración del maíz con caídas estimadas del 30% en Francia, mientras el trigo debuta cotizando a 200 euros por tonelada.

El clima extremo ha dejado de ser una advertencia de los científicos para convertirse en un factor determinante en la fijación de precios de la cesta de la compra global. Las sucesivas olas de calor que golpean de forma simultánea a Europa y a regiones agrícolas clave de Estados Unidos están provocando un nerviosismo justificado en el mercado cerealista. La voz de alarma llega con especial fuerza desde los campos de maíz, un cultivo que se encuentra en su momento más vulnerable: el inicio de la floración. El estrés térmico en esta fase reduce drásticamente el rendimiento de la planta, hasta el punto de que el Ministerio de Agricultura de Francia ya calcula un desplome del 30% en sus cosechas, una cifra que los analistas temen que empeore si las noches no dan un respiro.

Este escenario de escasez latente ha generado un efecto dominó que se ha dejado sentir con claridad en la sesión de la Lonja de León celebrada hoy. La cotización del maíz y la cebada ha reaccionado al alza con una subida de dos euros por tonelada en ambos casos. La jornada también ha estado marcada por el debut del trigo, que ha comenzado a cotizar fijando un suelo de 200 euros por tonelada. Mientras el grano se encarece, el sector de los forrajes mantiene una estabilidad tensa, repitiendo los precios de las semanas anteriores pero con un ritmo de ventas muy ágil debido a una demanda que no cede.

La otra cara de la moneda térmica se vive en las explotaciones ganaderas de la provincia. El vacuno de carne no logra consolidar una tendencia de estabilidad y vuelve a registrar bajadas, rompiendo una inercia histórica que asociaba el periodo estival y el turismo con un repunte en el consumo de carne. La situación en las granjas es compleja; el calor también pasa factura al sector de la leche, provocando un descenso notable en la producción láctea debido al estrés que sufren los animales por las altas temperaturas.

Sin embargo, el clima no es el único culpable del descenso en los tanques de ordeño. El desánimo cunde entre los productores tras la drástica bajada de precios impuesta en el último contrato del sector, un factor que está empujando a no pocos ganaderos al abandono de la actividad ante la falta de rentabilidad estructural.

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