La finalización de las labores de recolección confirma un fuerte descenso de la cosecha de cereal en Castilla y León. La comunidad ha perdido alrededor de 224.000 hectáreas de cultivo en un solo año, mientras la producción se reduce entre un 40% y un 50% en numerosas zonas respecto a la campaña anterior.
Los datos de superficies de la PAC 2026, publicados el 28 de julio, muestran que Castilla y León mantiene su posición como principal territorio cerealista de España. Sin embargo, la superficie dedicada a los principales cultivos ha pasado de 2,09 millones de hectáreas en 2020 a 1,79 millones en 2026.
Por tanto, la comunidad acumula una reducción del 14,5% en seis años. Además, el retroceso entre las campañas de 2025 y 2026 alcanza el 11,1%, según la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España, ACCOE.
León sostiene los rendimientos gracias al regadío
En la provincia de León, la cosecha se concentra ya en las comarcas de la mitad norte. Los rendimientos presentan importantes diferencias entre zonas, aunque el regadío ha permitido sostener parte de la producción.
La calidad del grano también ofrece resultados positivos. Según el seguimiento realizado por los asociados de ACCOE, los trigos presentan buenos niveles de proteína, mientras que las cebadas alcanzan un peso específico favorable.
Aun así, el comportamiento de León no evita el descenso generalizado que afecta al conjunto de la comunidad. La irregularidad de las precipitaciones, las diferencias entre fechas de siembra y las condiciones de cada parcela han condicionado una campaña especialmente compleja.
Rendimientos muy desiguales entre provincias
El descenso de la cosecha de cereal en Castilla y León presenta intensidades diferentes según la provincia, la comarca e incluso la explotación agrícola.
En Soria, la recolección se encuentra completada aproximadamente en un 85%. El rendimiento medio ronda las tres toneladas por hectárea en trigo y las 2,7 toneladas en cebada. No obstante, los pesos específicos varían según el momento de la siembra y el abonado aplicado.
Burgos registra una de las mayores irregularidades. La cebada ofrece producciones de entre 2.000 y 4.000 kilos por hectárea, mientras que el trigo se mueve entre los 3.000 y los 5.000 kilos. Solo quedan pendientes las zonas situadas más al norte de la provincia.
En Palencia, la cosecha está prácticamente finalizada. El rendimiento medio se sitúa cerca de los 3.000 kilos por hectárea, muy lejos de los resultados obtenidos durante la excelente campaña de 2025.
Además, la calidad resulta desigual. Los trigos presentan calibres y pesos específicos inferiores a los habituales, mientras la cebada mantiene un comportamiento algo más homogéneo.
La recolección también está prácticamente terminada en Valladolid. Allí, los resultados oscilan entre 2,5 y seis toneladas por hectárea, tanto en trigo como en cebada.
Por su parte, Segovia, Salamanca, Zamora y Ávila confirman producciones inferiores a las previstas. Incluso, una parte de la superficie cultivada habitualmente ha quedado sin cosechar durante esta campaña.
Una caída de producción de hasta el 50%
El seguimiento de campo realizado por ACCOE refleja una disminución generalizada de la producción. Dependiendo de cada zona, la caída oscila entre el 40% y el 50% frente a la campaña anterior.
La comparación está condicionada por los buenos resultados registrados en 2025. Sin embargo, la reducción de la superficie sembrada confirma una tendencia más prolongada que preocupa a productores, comerciantes, almacenistas e industrias transformadoras.
La organización considera que la pérdida de terreno cerealista en la principal región productora de España puede tener consecuencias para el conjunto del mercado nacional.
Precios volátiles e incertidumbre internacional
A las dificultades agronómicas se añade un escenario comercial complejo. ACCOE advierte de una menor producción mundial y de una elevada volatilidad en los precios, influida por la incertidumbre geopolítica.
En este contexto, el secretario general de la asociación, José Manuel Álvarez, ha destacado el papel de las empresas encargadas de almacenar, acondicionar, financiar y transportar el grano.
Álvarez recuerda que el cereal necesita una red logística y comercial capaz de garantizar el suministro a las fábricas de pienso, las harineras y las industrias alimentarias durante todo el año.
Por su parte, el almacenista vallisoletano Carlos del Campo señala que una campaña con menos producción obliga a proteger la rentabilidad de todos los participantes. Según explica, los comerciantes asumen riesgos y permiten organizar la salida de las cosechas hacia la industria.
ACCOE pide rentabilidad para toda la cadena
La asociación reclama a las administraciones y al conjunto del sector medidas que garanticen la viabilidad económica de todos los eslabones, desde las explotaciones agrícolas hasta la industria transformadora.
ACCOE defiende que productores, almacenistas, transportistas y empresas comercializadoras deben trabajar con márgenes suficientes para mantener su actividad. Esta rentabilidad resulta especialmente importante en las zonas rurales, donde el sector cerealista genera empleo y sostiene una parte relevante de la economía local.
La organización también pone en valor el trabajo de sus empresas asociadas. Su actividad permite garantizar el abastecimiento y mantener una comercialización ordenada en una campaña marcada por el descenso de la cosecha de cereal en Castilla y León, la reducción de superficie y la inestabilidad de los mercados.

