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La gran paradoja de la transición ecológica en León

Macroproyectos hidroeléctricos amenazan el Curueño, Riaño y Bárcena bajo la premisa de salvar un planeta destruyendo su biodiversidad

El Valle del Curueño —el río del olvido que inmortalizara la literatura— se enfrenta hoy a la amenaza real de la piqueta industrial. El Gobierno central ha puesto sobre la mesa un proyecto, amparado por la Red Europea de Operadores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E), para levantar una central hidroeléctrica reversible en el Valle del Curueño. Este rincón de la Montaña Central de León, protegido por sus espectaculares hoces calizas, bosques de ribera y pueblos tradicionales, corre el riesgo de ser sacrificado en el altar de la transición energética.

Pero el Curueño es solo la punta del iceberg. A través del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) y su Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía, ya se ha adjudicado el estudio para el desdoblamiento de cerca de 40 embalses en todo el país. Entre los señalados figuran dos nombres heridos de la geografía leonesa: Bárcena y Riaño. De ejecutarse, estaríamos ante una nueva oleada de alteración de zonas de altísimo valor ecológico.

La matemática que no cuadra: ¿Cuánta energía necesitamos?

Para entender la dimensión del conflicto, basta con acudir a las cifras oficiales de la red eléctrica nacional del último año:

Concepto Potencia / Consumo
Capacidad Instalada Total (2025) ~147 GW
Picos de Consumo Máximo ~41 GW
Consumo Medio Real ~27,5 GW (+1,5 GW de pérdidas)

La evidencia: España cuenta con un exceso de capacidad instalada que triplica el consumo medio y duplica con holgura los días de mayor demanda del año.

Si los datos demuestran que producimos mucha más energía eléctrica de la que la sociedad puede absorber, cabe hacerse una pregunta incómoda: ¿Para qué sirven realmente estos nuevos macroproyectos?

La respuesta técnica apunta a una falta de previsión regulatoria. Las grandes centrales reversibles actúan como gigantescas baterías (bombeando agua hacia arriba cuando sobra energía y soltándola para generar electricidad cuando falta). Se pretende utilizar el territorio público para estabilizar una red eléctrica saturada por los macroparques fotovoltaicos de las grandes eléctricas, corporaciones a las que previamente no se les exigió instalar sus propios sistemas de estabilización de almacenamiento.

Las contradicciones de la transición verde

Resulta paradójico que las mismas administraciones que en los últimos años han defendido —con indudable acierto científico— la demolición de antiguas presas obsoletas para devolverle la vida y el caudal a decenas de ríos, planteen ahora una industrialización pesada de los cauces que quedan vírgenes.

Tampoco se puede obviar el destino del dinero público. En el actual reparto de los fondos europeos para la transición ecológica, la tónica generalizada muestra que dos tercios del capital han acabado en los balances de las grandes compañías eléctricas, mientras que el tercio restante ha ido a parar a las grandes constructoras encargadas de la obra civil.

La electrificación de la sociedad tiene límites físicos evidentes; sectores estratégicos como el transporte aéreo, la marina mercante de gran distancia o la agricultura pesada seguirán dependiendo de los combustibles fósiles durante décadas. Destruir los últimos santuarios medioambientales de León bajo el pretexto de una descarbonización que no es tal no es progreso. Urge una profunda reflexión colectiva: no podemos permitir que, en el empeño corporativo por salvar los mercados verdes, acabemos destruyendo el planeta que pretendíamos proteger.

COORDINADORA EN DEFENSA DEL TERRITORIO  ARBA

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