Llevan dieciséis años arrastrando un castigo financiero en la sombra. Se dice pronto, pero desde aquel ya lejano 2010 de los grandes recortes, las enfermeras y fisioterapeutas del grupo A en Castilla y León ven cómo sus pagas extraordinarias llegan con un bocado del 30%. Hablamos de más de 300 euros menos por paga; una hucha robada que ya supera los 10.000 euros por profesional. Ahora que la Consejería de Economía y Hacienda acaba de publicar las normas para diseñar los Presupuestos Generales de la Comunidad de cara a 2027, el sindicato SATSE ha dicho basta.
La paciencia tiene un límite, y el argumento de la Junta de que no hay margen ya no cuela. Otras comunidades autónomas, como La Rioja, han demostrado que cuando hay voluntad política se pueden crear complementos para devolver la integridad a estas pagas. Si Castilla y León quiere cumplir su propia línea estratégica de ser «una tierra atractiva para vivir y trabajar», el primer paso es dejar de meterle la mano en la cartera a quienes sostienen los hospitales.
Médicos del futuro con sueldos del pasado
Lo de las pagas extras es sangrante, pero la situación de los Enfermeros Internos Residentes (EIR) roza el absurdo administrativo. En mayo del año pasado, todos los partidos de las Cortes autonómicas se pusieron de acuerdo para instar a la Junta a actualizar las nóminas de estos especialistas en formación. ¿El motivo? En su primer año de residencia, sus retribuciones se quedan por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Una anomalía legal que se ha quedado congelada por la falta de presupuestos y que condena a la precariedad a los profesionales que mañana tendrán que sustituir a una plantilla envejecida.
SATSE lo deja claro: con las nuevas cuentas sobre la mesa, ya no hay excusas ni parálisis parlamentarias que valgan. Es hora de cumplir lo prometido y pagar, al menos, lo mínimo que exige la ley.
Noches eternas y el miedo en la consulta
El paquete de exigencias de los sanitarios de Sacyl no se limita al dinero; es una cuestión de desgaste físico y mental. El sindicato vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reducir la jornada anual de quienes hacen turnos de noche y rotatorios, una reclamación que busca equiparar a la región con autonomías como la Valenciana. Trabajar a oscuras pasa factura a la salud, y si las bolsas de empleo de Sacyl se vacían cada verano de forma sistemática, es precisamente porque las condiciones aquí son más duras que en el vecindario.
A esto se le suma una realidad insoportable: las agresiones en los centros de salud. Al ser las enfermeras el colectivo que más tiempo pasa cara a cara con el paciente —y las que a menudo reciben el enfado por los retrasos del sistema—, SATSE exige cambiar la Ley de Ordenación del Sistema de Salud. El objetivo es directo: que los gerentes de área puedan tramitar de urgencia el cambio de médico o centro de un paciente agresor, agilizando unos protocolos actuales que son desesperadamente lentos. Cuidar a los que nos cuidan empieza por no dejar que se jueguen el físico en el trabajo.