
La fórmula de la educación no formal en periodos no lectivos exige cada vez más especialización. Ya no basta con proponer juegos de mesa o paseos por el campo; las nuevas generaciones demandan retos que estimulen tanto su capacidad física como su expresión creativa. Bajo esa premisa se ha diseñado la segunda edición de Becamp León, un campamento que este verano da un salto de calidad estratégico al incorporar a su estructura de trabajo la experiencia y el ritmo de la escuela Crass Dance.
Detrás de este proyecto se encuentra una sólida alianza docente. Por un lado, Jandro y Pili, entrenadores y profesores del Colegio Divina Pastora, aportan su bagaje en el ámbito de la pedagogía y la educación física escolar. Por el otro, Costa y Silvia, cabezas visibles de Crass Dance, inyectan la disciplina artística, el movimiento y la expresión corporal al programa. El resultado es un engranaje multidisciplinar donde el deporte y la danza no compiten, sino que se retroalimentan.
El entorno elegido para albergar la experiencia no es casual. Santa Lucía de Gordón ofrece el marco ideal para desconectar de las pantallas y conectar con el medio natural. Durante estos siete días, los jóvenes participantes se enfrentan a un catálogo de actividades que abarca desde la práctica de disciplinas deportivas tradicionales y clases intensivas de baile urbano hasta jornadas de piscina, dinámicas de grupo, senderismo por parajes locales e incluso una jornada de playa para romper la rutina del campamento de interior.
Sin embargo, el verdadero valor de la iniciativa se mide en lo intangible. Para los organizadores, la meta última de esta semana no reside en perfeccionar una técnica de baile o mejorar una marca de atletismo, sino en el poso emocional que deja la convivencia. En un entorno saludable y seguro, el campamento se convierte en una escuela de valores donde conceptos como el respeto, el compañerismo y el trabajo en equipo se asimilan de forma orgánica mediante el juego y la superación de pequeños retos diarios. Una propuesta estival que sigue ganando peso en el calendario leonés y que demuestra que la montaña de León tiene todavía mucho que ofrecer a las nuevas generaciones.


