La ciudad de Almería, consolidada como la huerta de Europa y capital mundial del tomate, se ha convertido hoy en el epicentro de las reivindicaciones del sector agrario español. El Comité Ejecutivo Nacional de ASAJA, encabezado por su presidente Pedro Barato y a propuesta de la líder provincial Adoración Blanqué, se ha reunido en una sesión histórica para analizar una tormenta perfecta que amenaza la viabilidad de las explotaciones: costes disparados, falta de agua y una crisis de insumos sin precedentes.
Una Almería anfitriona y estratégica
La elección de Almería no ha sido casual. Adoración Blanqué ha subrayado la necesidad de descentralizar la organización para poner en valor el peso agrícola de la provincia en un momento «crucial» marcado por las negociaciones de la nueva PAC.
Por su parte, Pedro Barato ha recordado que la capital almeriense no solo es el tercer municipio en extensión agrícola de su provincia, sino un motor exportador capaz de colocar 200.000 toneladas de tomate en mercados internacionales en una sola campaña. Sin embargo, ni siquiera este músculo productivo es inmune a los problemas estructurales que asfixian al campo.
El agua: una política de Estado, no de parches
En la reunión previa con representantes de la Junta de Andalucía y el Gobierno central, ASAJA ha sido tajante: el agua debe ser una prioridad nacional. La organización reclama:
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Infraestructuras de almacenamiento: Modernización de embalses.
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Recarga de acuíferos: Gestión sostenible de las reservas subterráneas.
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Desalación estratégica: Especialmente relevante en el arco mediterráneo.
«El agua no puede depender de decisiones aisladas; hay que actuar en conjunto como nación», sentenció Barato, instando a una planificación que trascienda las legislaturas.
La crisis del cereal y el efecto dominó en la ganadería
Uno de los puntos más alarmantes del encuentro ha sido la situación del cereal. Con unos precios de mercado que no cubren los costes de producción, la viabilidad de la próxima siembra está en el aire.
Esto no es solo un problema para el agricultor de secano. España ya necesita importar entre 12 y 14 millones de toneladas anuales para alimentar a su cabaña ganadera (porcino, vacuno y ovino). Si el sector cerealista nacional colapsa, el encarecimiento de la carne y los productos derivados será inevitable, comprometiendo toda la seguridad alimentaria del país.
Fertilizantes: un incremento de costes del 33%
El campo se enfrenta a un estrangulamiento financiero debido al precio de los fertilizantes. El doble arancel —tanto a las exportaciones como a los insumos de origen ruso— ha provocado que productos básicos como la urea pasen de 400 euros a cerca de 900 euros por tonelada.
«Apenas quedan ocho fabricantes de fertilizantes en España. Estamos poniendo en peligro la seguridad alimentaria en Europa», denunció la dirección de ASAJA.
Triple calendario de movilizaciones
Ante la falta de soluciones concretas, el sector agrario español ha anunciado que volverá a las calles bajo el lema «Menos exigencias y más soluciones». El calendario previsto es el siguiente:
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19 de mayo: Concentración en Estrasburgo ante las instituciones europeas por la crisis de los fertilizantes.
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20 de mayo: Manifestación en Castilla y León por la agonía del sector del cereal.
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Antes de la cosecha: Gran movilización en Madrid para dar un toque de atención definitivo al Gobierno central.
Mano de obra y sanidad: retos pendientes
Finalmente, el Comité abordó la necesidad de una inmigración ordenada y reglada. Almería se ha puesto como ejemplo nacional de éxito en la contratación en origen, demostrando que cuando las fórmulas son claras, no hay incidencias. Sin embargo, la presión de la fauna salvaje, las crecientes exigencias medioambientales y la sanidad vegetal siguen restando competitividad a un sector que, pese a todo, sigue siendo el principal motor productivo de muchas regiones de España.
