
Hay pregones que se limitan a cumplir el expediente y otros que te remueven el alma. Lo vivido en la plaza de San Marcelo de León ha sido, sin duda, de los segundos. El arranque oficial de las fiestas de San Juan y San Pedro de este 2026 ya tiene nombre propio: el de Rodrigo Cuevas. El polifacético y agitador folclórico asturiano, fuertemente vinculado a la provincia por sus raíces maternas en la zona de Arbas, fue el encargado de prender la mecha de unas celebraciones que prometen ser inolvidables. Y lo hizo como mejor sabe, con emoción, verdad, orgullo rural y esa maravillosa irreverencia que lo caracteriza.
La plaza se quedó pequeña. Literalmente. Cientos de leoneses y visitantes se agolparon para escuchar a un artista que ha sabido llevar la música tradicional a la primera línea de la cultura contemporánea. El alcalde de León, José Antonio Diez, fue el encargado de introducir al pregonero, aplaudiendo la capacidad de Cuevas para ejercer el amor por la tierra «más allá de la bandera» y animando a los presentes a exprimir las fiestas al ritmo de las dulzainas que movieron a nuestros abuelos.
Cuando llegó el turno de Rodrigo Cuevas, el ambiente se transformó. El artista no quiso quedarse en la superficie y lanzó un mensaje de esos que calan hondo en los tiempos que corren: un llamamiento directo a disfrutar de unas fiestas inclusivas y diversas. «Que hagamos resistencia a los discursos de odio desde la fiesta. A que no nos marquen el paso los que nos quieren atrás», proclamó con fuerza, recordando que la fiesta también es el momento idóneo para «ser sin complejos» y valorar lo inmaterial. En un gran gesto de accesibilidad, todo el acto contó con interpretación en lengua de signos.
El momento cumbre de la cita llegó con los regalos institucionales. José Antonio Diez obsequió al pregonero con un cuadro de agradecimiento y con una joya muy especial: una pandereta artesana de piel de cordero, cosida a mano y decorada con cintas de colores al estilo de la comarca de Arbas, elaborada por los jóvenes lutieres de Quintanilla de Combarros, Alejandro González y Pablo Suárez. El guiño fue total, y Cuevas no tardó en hacer sonar el instrumento y despedirse de León cantando, demostrando por qué es una de las voces más auténticas del panorama actual.
El broche de oro al evento lo pusieron los alumnos del Aula de Dulzaina y Tamboril de la Escuela Municipal de Música, quienes hicieron vibrar la plaza interpretando el Himno de León. La fiesta ya está en la calle, el listón ha quedado altísimo y los leoneses ya tienen el cuerpo listo para bailar hasta que se rompa el suelo.