La recuperación del Molino Sidrón de León entra en su recta final. Los operarios han retirado durante los últimos días los andamios que cubrían el inmueble, por lo que su fachada rehabilitada ya puede contemplarse desde el jardín de la Era del Moro y el acceso de Ramón y Cajal.
Los trabajos continúan ahora en el interior. La previsión municipal sitúa la conclusión de la obra en septiembre de 2026. Sin embargo, esa fecha no supondrá necesariamente la apertura inmediata del edificio, ya que todavía será necesario instalar el equipamiento y concretar su programación.
El Molino Sidrón recupera su presencia en la Era del Moro
La retirada de los andamios permite apreciar uno de los principales cambios introducidos por el proyecto. El antiguo molino vuelve a ganar protagonismo dentro de un entorno que ha experimentado una profunda transformación urbana durante los últimos años.
Hasta hace poco, el edificio permanecía parcialmente oculto entre vegetación, construcciones auxiliares y antiguos cobertizos. Ahora, la rehabilitación del Molino Sidrón busca integrarlo en los recorridos peatonales que conectan la Era del Moro, la muralla, el Arco de la Cárcel y la zona norte del casco histórico.
La intervención también pretende reforzar su función como punto de enlace entre el espacio ajardinado y el entorno urbano de Ramón y Cajal. Por este motivo, los responsables del proyecto definen el inmueble como un “edificio bisagra” entre la ciudad histórica y los nuevos espacios públicos recuperados.
Una inversión superior al millón de euros
El Ayuntamiento de León adjudicó el contrato a Decoración y Construcción de Obras Leonesas S. A. —Decolesa— por un importe total de 1.040.000 euros, IVA incluido. El acuerdo contempla la redacción del proyecto, la dirección técnica y la ejecución de las obras.
El contrato estableció un plazo de ejecución de 14 meses y una garantía de 36 meses. Además, la actuación recibe financiación europea mediante los fondos Next Generation y el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino de la ciudad de León.
La reforma no se limita a mejorar el aspecto exterior. También incluye la consolidación del inmueble, su rehabilitación energética y la adaptación de los espacios para que puedan albergar actividades culturales y turísticas.
Tres plantas para un futuro espacio cultural
El Molino Sidrón de León contará con cerca de 300 metros cuadrados distribuidos en tres plantas. El proyecto conserva elementos vinculados a su antigua actividad hidráulica, entre ellos los tres cárcavos por los que circulaba el agua que impulsaba la maquinaria.
El edificio se levantó en el siglo XIX junto a la antigua Presa de San Isidro. Primero funcionó como molino harinero y después tuvo otros usos relacionados con la actividad industrial. Con el crecimiento de la ciudad perdió protagonismo y llegó a emplearse como garaje.
Su importancia también reside en su singularidad. Se trata del único superviviente de los 17 molinos que llegaron a existir en la capital leonesa, una red de construcciones que aprovechaba los cauces y presas vinculados a los ríos Torío y Bernesga.
La Casa de las Letras, pendiente de su definición final
El uso previsto para el inmueble será principalmente cultural. Entre las propuestas anunciadas figura su conversión en la Casa de las Letras Leonesas, con aulas para actividades, espacios expositivos y contenidos relacionados con los escritores y el patrimonio literario de León.
No obstante, el Ayuntamiento todavía deberá cerrar el equipamiento y la programación definitiva una vez que termine la obra. Por tanto, septiembre marca el final previsto de la rehabilitación, pero no existe todavía una fecha pública confirmada para su apertura a los visitantes.
La actuación permitirá incorporar un nuevo recurso al circuito cultural situado alrededor de Puerta Castillo. En pocos metros conviven la muralla romana, la Casona de Puerta Castillo, el jardín de la Era del Moro y, próximamente, el renovado molino.
Tras décadas de abandono, el Molino Sidrón de León recupera así su lugar en el paisaje de la capital. Ya no moverá piedras para producir harina, pero su nueva etapa pretende mantener viva una parte poco conocida de la historia industrial, hidráulica y social de la ciudad.
