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Las cifras de la discordia en la seguridad de León

El Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior enciende las alarmas políticas y vecinales al situar a la capital a la cabeza de la delincuencia regional

Algo se mueve en la percepción de la seguridad en las calles de León, y los datos oficiales acaban de dar argumentos a quienes percibían un cambio a peor. Lo que durante meses se despachaba desde los despachos oficiales como «hechos aislados» o «percepciones subjetivas» —en referencia a las sucesivas noticias sobre peleas nocturnas, robos con intimidación y agresiones— ha tomado forma de estadística dura. El debate sobre si León es una ciudad segura o si camina hacia un escenario de vulnerabilidad urbana ya está instalado en el centro del tablero político.

Los números fríos provienen del Balance de Criminalidad elaborado por el Ministerio del Interior. El informe arroja una conclusión incómoda: León cerró el año con una tasa de criminalidad convencional de 41 delitos por cada 1.000 habitantes. La cifra adquiere verdadera dimensión cuando se compara con el entorno más cercano de la comunidad autónoma. La capital leonesa casi duplica la tasa de delincuencia de ciudades con un perfil demográfico similar, como Ávila, que se congela en 24,4 delitos, y se sitúa muy por encima de Valladolid, que registra una tasa notablemente menor de 27,8.

La inercia no parece haberse frenado con el cambio de año. Las estadísticas recién conocidas del primer trimestre confirman que las infracciones penales convencionales han subido otro 1% en la ciudad, alcanzando los 1.353 delitos en apenas tres meses. Si a esa ecuación se le añade la delincuencia digital, el incremento global escala hasta el 3,3%.

Ante este panorama, la oposición municipal ha pasado al ataque directo. El portavoz del Grupo Popular, David Fernández, ha comparecido para exigir al equipo de gobierno socialista que abandone lo que califica como una postura de «inacción y silencio» y afronte la realidad con planificación. Desde las filas populares recuerdan que los sindicatos de la Policía Local llevan años reclamando una ampliación urgente de la plantilla y una modernización de sus herramientas de trabajo en las intervenciones de calle.

La receta propuesta por la oposición pasa por un plan de choque inmediato. Este plan exigiría la cobertura real de las vacantes en la Policía Local, la compra de material de autoprotección como escudos, dispositivos táser o espráis —una partida que el PP ya intentó presupuestar sin éxito— y un despliegue policial preventivo y visible en los puntos negros de la ciudad durante los horarios más críticos. El pulso político está echado bajo una premisa clara: la seguridad ciudadana ha dejado de ser un asunto menor para convertirse en el caballo de batalla de la gestión municipal.

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