La crisis silenciosa que arrastran las plantas de montaje y la industria auxiliar del automóvil ha llegado con dureza al hemiciclo de Estrasburgo. El eurodiputado del Partido Popular, Raúl de la Hoz, ha aprovechado su intervención de este martes para lanzar una enérgica voz de alarma sobre la pérdida de competitividad de un sector que ha calificado, sin ambages, como «el emblema de la industria europea». Su pregunta ante el plenario ha resonado como un reproche a la gestión de las últimas legislaturas: «¿Hasta cuándo vamos a asistir resignados al declive del emblema de la industria europea?».
Para el representante popular, el goteo constante de reestructuraciones, expedientes de regulación de empleo y cierres de instalaciones en suelo comunitario no es un fenómeno meteorológico inevitable, sino el impacto directo de decisiones de despacho. La coyuntura actual, ha denunciado, es la factura de «años de muchos errores; también de errores políticos, años de obligaciones imposibles, objetivos inalcanzables, costes energéticos inasumibles y trabas administrativas inaceptables». El cóctel de estas políticas, a su juicio, ha inoculado una parálisis por incertidumbre que pagan los trabajadores.
Neutralidad tecnológica frente al dogmatismo climático
A pesar del diagnóstico crítico, el eurodiputado conservador ha querido arrojar un haz de luz sobre el futuro inmediato. De la Hoz ha apuntado que el Parlamento Europeo tiene ahora mismo sobre la mesa la oportunidad de rectificar el rumbo a través de dos textos legislativos clave diseñados por la Comisión Europea y que se encuentran en plena tramitación parlamentaria.
El primero de ellos, el denominado paquete de la automoción, cuenta con el visto bueno inicial del Partido Popular, aunque con serios condicionantes. De la Hoz ha advertido de que esta normativa solo será verdaderamente útil si rompe con esquemas previos. Para ello, exige que los reguladores sitúen la neutralidad tecnológica —la libertad de la industria para investigar y utilizar cualquier tecnología limpia, no solo el motor eléctrico de batería— y la flexibilidad operativa como los verdaderos ejes de la planificación, «sin subordinación a otros principios climáticos».
«Europa necesita hoy, más que nunca, una industria fuerte, innovadora, capaz de crecer y de crear empleo, respaldada por las instituciones públicas», ha remarcado De la Hoz.
El acelerador industrial como salvavidas
La segunda herramienta en discordia es el acelerador industrial, un mecanismo concebido para acortar plazos y desatascar proyectos de inversión estratégica. El eurodiputado ha defendido la urgencia de implantar este instrumento para demoler el muro de las trabas administrativas y lograr un objetivo básico: «Hacer posible que invertir y producir en Europa sea una ventaja competitiva, un valor añadido y nunca un lastre para nuestras empresas».
La ofensiva del PP en Bruselas enmarca el debate del motor no como una mera disputa sectorial, sino como una batalla por la supervivencia del modelo de vida europeo. Sin un respaldo institucional cerrado a las cadenas de producción locales, concluyó De la Hoz, el discurso de la soberanía continental se vuelve vacío: «Sin ese respaldo es imposible que podamos hablar ni de autonomía estratégica, ni de Estado del bienestar, ni tampoco de generación de empleo».
