Un equipo de investigadores liderado por el Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC (IAS-CSIC) ha puesto cifras a la biomasa y carbono en olivos de dos variedades muy implantadas en el Mediterráneo: arbosana y picual. El trabajo, realizado junto a IFAPA Camino de Purchil y la Universidad de Córdoba, fue publicado el 14 de marzo de 2026 en la revista científica Trees, del grupo Springer Nature.
El dato más llamativo del estudio apunta a la variedad picual, que mostró una acumulación media de 36,5 kilos de biomasa por árbol, por delante de arbosana, que se situó en 27,5 kilos. Los investigadores observaron que picual invierte más en tronco y ramas no primarias, mientras que arbosana concentra una mayor proporción en las hojas.
La investigación también pone el foco bajo tierra. En ambos cultivares, alrededor del 60% de la biomasa radicular se localizó en los primeros 25 centímetros del suelo y más del 55% quedó concentrado en el cepellón. Ese reparto resulta clave para entender cómo crece el olivo y cómo responde a escenarios de sequía o aumento de temperaturas.
En términos de biomasa y carbono en olivos, el trabajo confirma además que la concentración media ponderada de carbono alcanzó el 47% en la biomasa aérea y el 42% en las raíces. A escala de plantación, el principal reservorio no estuvo en el árbol, sino en el terreno: el suelo almacenó alrededor de 76 toneladas de carbono por hectárea, frente a las 13 a 16 toneladas por hectárea acumuladas en la biomasa del olivar.
Otro resultado relevante afecta al ritmo de secuestro de carbono. La acumulación anual en la biomasa del olivo osciló entre 1,68 toneladas de carbono por hectárea y año en arbosana y 2,16 toneladas en picual. Dicho de otro modo, la variedad picual volvió a ofrecer una ventaja en capacidad de almacenamiento, dentro de los rangos ya observados en agroecosistemas mediterráneos.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo combinó métodos destructivos y no destructivos sobre árboles de 7,5 años cultivados en alta densidad. El análisis incluyó la extracción completa de tres árboles por cultivar, un enfoque poco habitual en olivo cuando se estudia de forma conjunta la biomasa aérea y subterránea. Según los autores, esta doble metodología abre la puerta a aplicar estimaciones fiables a gran escala sin perder precisión en la comparación entre variedades.
El estudio refuerza así el papel del olivar como cultivo estratégico en la transición agraria. No solo por su capacidad productiva, sino también por su función como sumidero de carbono. La conclusión de fondo es clara: integrar la asignación de biomasa y la permanencia del carbono en la selección de cultivares y en el manejo del campo puede mejorar tanto la sostenibilidad como la resiliencia del olivar frente al cambio climático.