A pesar del intenso calor que marcaba la tarde del 16 de junio, los leoneses respondieron a la convocatoria de la Asociación Activos y Felices. El salón de actos del Ayuntamiento de León unio a un nutrido número de asistentes para escuchar a Daniel Domínguez Centeno, fisioterapeuta de la Unidad de Afrontamiento de Dolor de León (Centro de Salud de El Ejido). Esta actividad se realizó gracias a la colaboración del Ayuntamiento de León y contó con la presencia de Lourdes Gonzalez, Concejala de Mayores del Ayuntamiento de León y Juan Antonio Orozco, Gerente de Asuntos Sociales de la Junta de Castilla y León
Durante algo más de una hora, el fisioterapeuta Daniel Domínguez Centeno guio a los asistentes por un viaje de descubrimiento científico y derribo de mitos. Su intervención se centró en explicar que el dolor crónico no es simplemente un síntoma prolongado, sino una enfermedad del sistema nervioso en sí misma que requiere un abordaje radicalmente distinto al dolor agudo.
A continuación se detallan los tres bloques principales sobre los que pivotó la conferencia:
1. La neurobiología del dolor (¿Esta el dolor en mi cerebro?)
Domínguez Centeno rompió el primer gran tabú: «Dolor no siempre equivale a daño estructural». Explicó que, en procesos crónicos, el sistema de alarma del cuerpo (el sistema nervioso central) se vuelve hipersensible.
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El efecto «miembro fantasma»: Al igual que una alarma de coche sensible se dispara con el viento, un cerebro bajo estrés o dolor prolongado interpreta estímulos inofensivos (como el roce, el frío o el movimiento normal) como amenazas graves.
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La plasticidad neuronal: El cerebro aprende a doler. Si repetimos constantemente vías de sufrimiento, esas autopistas neuronales se vuelven más eficientes. La buena noticia es que, gracias a la neuroplasticidad, también se puede «desaprender» el dolor.
2. El peligro del modelo pasivo y el reposo
El ponente fue tajante respecto a los tratamientos tradicionales: las pastillas y el reposo prolongado a menudo cronifican el problema en lugar de solucionarlo.
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La trampa del «no me muevo porque me duele mas»: Es el miedo patológico al movimiento. El paciente, por temor a lesionarse, deja de moverse. Esto atrofia los músculos, debilita las articulaciones y, paradójicamente, eleva el nivel de dolor al reintentar cualquier actividad.
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De recibir a actuar: El modelo clásico sitúa al paciente en una camilla esperando de forma pasiva que un fármaco o una manipulación lo cure. El nuevo paradigma exige que el afectado pase de ser un espectador a convertirse en el director general de su propia recuperación.
3. Las herramientas del afrontamiento activo
Para cerrar, el fisioterapeuta desgranó cómo trabaja en el día a día la Unidad de León, ofreciendo a los asistentes tres pautas clave para empezar a aplicar en casa:
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Educación terapéutica: El paciente debe comprender su dolor de forma cognitiva. Saber por qué duele reduce drásticamente la ansiedad, lo que a su vez disminuye la producción de cortisol y adrenalina (hormonas que amplifican la señal del dolor). Tecnicas como mindfulenes, ayudan a preparar al paciente a vivir el dolor con menos intensidad.
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Exposición graduada al movimiento: Volver a moverse, pero sin saltar las alarmas del cerebro. Consiste en realizar actividades físicas de forma progresiva, buscando el límite del dolor pero sin rebasarlo bruscamente, demostrando al sistema nervioso de manera segura que «moverse es seguro».
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Gestión del contexto biopsicosocial: El dolor no vive en el vacío. Factores como las horas de sueño, el estado de ánimo, las relaciones sociales y el estrés laboral influyen directamente en la intensidad con la que el cerebro percibe las señales del cuerpo.
Un equipo multidisciplinar en plena expansión por León y provincia
El éxito de este modelo innovador no recae en una sola disciplina; el verdadero motor de la Unidad de Afrontamiento Activo del Dolor de León radica en su robusto enfoque multidisciplinar. El tratamiento integral del paciente se logra gracias a la coordinación diaria de un equipo de profesionales que incluye médico , psicóloga y varios fisioterapeutas. Esta combinación permite abordar el dolor desde su raíz física, pero también atendiendo el impacto emocional y psicológico que la cronicidad causa en la salud mental del afectado.
Lejos de estancarse, el servicio sigue creciendo a un ritmo constante en León. Con el objetivo de democratizar el acceso a la salud y ponérselo más fácil a los ciudadanos, la unidad se encuentra actualmente buscando y habilitando nuevos espacios para descentralizar sus talleres y llevar la actividad física y educativa directamente a los distintos barrios de la capital.
Pero la gran noticia para la sanidad pública leonesa es su apuesta por el entorno rural y periférico. Conscientes de que el dolor crónico no entiende de códigos postales, la estrategia de expansión está rompiendo fronteras dentro de la geografía provincial, llegando ya con fuerza hasta la comarca de El Bierzo. Esta descentralización hacia las cabeceras de comarca permite que cientos de pacientes bercianos y del entorno rural ya no tengan que desplazarse largas distancias para recibir una atención que, como se demostró en la jornada de Activos y Felices, les está devolviendo la calidad de vida y el control de su propia salud.
Crónica de la jornada: La voz de quienes volvieron a vivir
Desde AhoraLeón.com hemos contactado con varios pacientes. Sus testimonios reflejaron el éxito real de este cambio de paradigma médico.
Testimonio de Lucia ( paciente con 56 años de dolor persistente (Nivel II de afrontamiento):
«Vengo de sufrir dolor durante 26 años. He vivido la peor incertidumbre que pueda sentir un ser humano: consultas de urgencias pensando que me moría, ruegos en atención primaria para que me quitasen este calvario, visitas a especialistas, pruebas y tratamientos de todo tipo. Siempre intentaba mantener la esperanza para seguir adelante, aunque muchas veces tiré el pañuelo. Ha sido demasiado tiempo sosteniendo una realidad que se me decía que era ‘ficticia’ porque me repetían: ‘No se puede justificar ese dolor con lo que vemos en las pruebas’. No acabaría en veinte folios de expresar lo vivido.
Un día sonó el teléfono. Mi médico de cabecera —el único que nunca me vio como un número, que jamás dejó de escucharme y cuya vocación es impecable— me llamó tras asistir a una charla sobre un programa nuevo en atención primaria: Afrontamiento del Dolor Crónico. Se acordó de mí de inmediato. Gracias, doctor.
Al llegar, me encontré con un equipo increíble (Susana, Dani, J. Carlos, Cristina) y con más personas que me valoraban desde una perspectiva global: mente y cuerpo. Nos han enseñado a trabajar la comprensión de lo que sucede en nuestro organismo para aplicarlo en nuestro beneficio y no en nuestra destrucción. Nos han devuelto la actitud de querer hacer algo real y consciente. Este equipo humano se vuelca con gente que no había logrado mejorar solo con psicofármacos y antiinflamatorios. Ahora, seguir en contacto con el grupo es lo que marca la diferencia. Saber que están ahí es mi tranquilidad de saber que no volveré a estar sola nunca más. Gracias por ser y estar, chicos.»
Javier, 42 años (Paciente con dolor lumbar crónico): «Llevaba tres años escuchando que lo mejor para mi espalda era el reposo. Era un círculo vicioso: cuanto menos me movía, más me dolía. En la unidad cambiaron el chip por completo. El ejercicio terapéutico guiado por Susana me demostró que mi cuerpo es fuerte. El movimiento ha sido mi verdadera medicina.
Encarna, 65 años (Paciente varias intervenciones de espalda): «Lo mejor de estas sesiones es que no estás sola; el enfoque grupal te hace ver que otros pasan por lo mismo. Las herramientas de afrontamiento que nos dan son oro puro. Ya no me resigno a estar sentada en el sofá viendo pasar los días. Ahora sé que frente al dolor crónico, la actividad y la información son nuestras mejores armas.»
Belen, 65 años (Paciente de dolor crónico de larga duración): «Tras más de 20 años conviviendo a diario con el dolor, el paso por esta unidad me ha permitido, por fin, ver mi problema con una visión de 360 grados. Sin embargo, si tengo que quedarme con algo, lo más importante para mí ha sido conocer a profesionales que no tienen prisa por atenderme, que de verdad tienen el foco puesto en la persona y no solo en el síntoma. Vivir y sentir que no soy la única que experimenta el dolor de esta manera tan intensa te quita una soledad tremenda de encima. El equipo humano y las compañeras del grupo han sido, sin duda, un pilar fundamental en mi recuperación. Gracias a todo el equipo.»
- La jornada clausuró con un prolongado aplauso que demostró que, cuando la sanidad pública apuesta por la innovación y la empatía, los resultados transforman vidas por completo. Frente al dolor persistente, León ha dejado claro que la resignación ya no forma parte del tratamiento.
La frase de la tarde: «El dolor es real, siempre lo es; pero el sufrimiento depende en gran medida de las herramientas que tengamos para entenderlo y gestionarlo. El movimiento guiado, las tecnicas de respiracion y mindfulnes son las píldoras más potentes y con menos efectos secundarios que existen», concluyó Domínguez Centeno ante un auditorio entregado.

