
Hay una inercia cotidiana casi suicida en la manía de posponer. Lo que pesa, lo que quema en el pecho, la carta que jamás echamos al buzón, la declaración de amor a destiempo. Incluso las grandes gestas colectivas terminan aparcadas en esa repisa mental donde acumulamos los asuntos pendientes. De eso va, en el fondo, la poesía cuando no busca adornarse: de señalar con el dedo la grieta por la que se nos escapa la vida.
Este lunes 10 de agosto, a las 20:00 horas, el espacio cultural La Casona de San Feliz de Torío abre sus puertas para alojar un diálogo necesario. El poeta cántabro Mariano Calvo Haya presenta ‘Lo inacabado’, su más reciente propuesta lírica editada por Eolas Ediciones dentro de la cuidada colección de poesía Ería. No es una lectura más en la agenda veraniega de la provincia leonesa; es una cita con una de las voces más coherentes de la poesía de la conciencia crítica de las últimas décadas.
Calvo Haya (Santander, 1961) sabe bien cómo manejar los tiempos de la contención. Ganador del Premio Alegría en 1998 —tras haber rozado el galardón como finalista un año antes—, su trayectoria rehúsa los focos estridentes y los atajos del mercado. Desde la publicación de títulos como El privilegio de los pájaros, La nube en la boca. Crónicas Mexicanas, Las fronteras del aire o La madera que arde, el autor ha pulido un estilo sobrio, afilado y profundamente humano. Su presencia en antologías referentes como Voces del Viento Sur, El Curueño Literario o Voces del Extremo responde a una constancia ética: la poesía como trinchera y testimonio.
En Lo inacabado, esa mirada analítica se vuelve sobre la propia vulnerabilidad. El poema que da título al volumen no necesita circunloquios ni pirotecnia verbal:
Todo lo que dejamos
para mañana:
lo que pesa,
lo que duele,
una carta,
una despedida,
una declaración de amor
o de intenciones.
Todo lo que dejamos
para mañana:
la revolución.
Hay en estos versos una ironía contenida que desarma. La distancia entre el compromiso íntimo y el compromiso político se disuelve en el mismo gesto de procastinación. Dejamos enfriar los afectos con la misma indolencia con la que aplazamos la transformación del mundo.
El marco del encuentro no es casual. San Feliz de Torío y en particular La Casona se han consolidado como un refugio de resistencia cultural en la montaña leonesa. Allí, entre muros que conocen la memoria del territorio, la voz de Calvo Haya retumbará sin micrófono que valga para recordarnos que la poesía exige presencia.
La sesión incluirá una lectura de poemas en boca del propio autor, ofreciendo a los asistentes la oportunidad de adentrarse en la arquitectura del libro de primera mano. La entrada es libre hasta completar aforo.


