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La falta de apoyo perinatal agrava la vulnerabilidad de madres y bebés

Fundación Meniños acompañó durante 2025 a 115 mujeres y 101 bebés desde el embarazo hasta los primeros 18 meses de vida. El 85,21 % de las madres comenzó el programa sin una red social cercana.

La falta de apoyo perinatal aumenta la vulnerabilidad de las madres y sus bebés durante el embarazo y los primeros meses de crianza. La ausencia de familiares, pareja o personas cercanas dificulta el cuidado diario y agrava problemas como la precariedad económica, el estrés emocional y el aislamiento.

Así lo refleja el balance de 2025 del Programa de Atención Perinatal de Fundación Meniños. La entidad acompañó durante ese año a 115 madres y 101 bebés, desde el embarazo hasta los 18 meses de vida.

Además, el 85,21 % de las mujeres atendidas no disponía de una red de apoyo social cuando comenzó la intervención. Este dato muestra el peso que tiene la soledad en una etapa marcada por importantes cambios físicos, emocionales y familiares.

La soledad aumenta los riesgos durante la maternidad

La vulnerabilidad perinatal suele estar relacionada con varias circunstancias. Entre ellas aparecen la falta de recursos económicos, el origen migratorio, la inestabilidad laboral y el malestar emocional.

Sin embargo, la ausencia de una persona cercana que escuche, resuelva dudas o comparta los cuidados puede multiplicar esos riesgos. La madre afronta entonces el embarazo y la crianza sin un entorno que le permita descansar, expresar sus temores o pedir ayuda.

Esta falta de apoyo perinatal también puede afectar al vínculo temprano con el bebé. Por ello, Fundación Meniños trabaja desde la gestación para fortalecer la relación afectiva y prevenir futuras situaciones de negligencia o desprotección.

“Necesitamos criar en tribu”

La coordinadora del Programa de Atención Perinatal, Carla Console, recuerda que la necesidad de sentirse acompañada no se limita a las mujeres en situación de vulnerabilidad.

“Necesitamos criar en tribu”, subraya la responsable. Según explica, cualquier madre puede necesitar escucha, orientación y respaldo durante esta etapa.

El programa ofrece un espacio profesional y cercano. En él, las mujeres pueden hablar de sus dudas sin sentirse juzgadas. Asimismo, reciben información sobre el embarazo, el desarrollo infantil y los cuidados que necesita el bebé.

Este acompañamiento busca que cada madre se sienta validada. Al mismo tiempo, refuerza sus capacidades para tomar decisiones de forma consciente.

Cada madre llega con su propia historia

La maternidad no sigue un único modelo. Tampoco existe una respuesta válida para todas las familias.

“El bebé no llega con un manual, y cada madre trae su propia mochila de modelos aprendidos e historia de vida”, señala Console.

Por este motivo, el equipo no impone una forma concreta de criar. En cambio, ayuda a desmontar mitos y creencias que pueden resultar perjudiciales. También facilita herramientas para que cada mujer reflexione sobre sus decisiones.

El trabajo combina conocimientos psicoeducativos con el fortalecimiento de los recursos personales y familiares. De esta manera, la madre puede comprender mejor sus emociones y construir una experiencia propia de la maternidad.

Cuatro ejes para prevenir la desprotección infantil

El Programa de Atención Perinatal se organiza alrededor de cuatro áreas principales: la creación del vínculo temprano, la formación sobre los cuidados del bebé, la protección infantil y la reflexión personalizada sobre la maternidad.

El objetivo es actuar antes de que aparezcan situaciones graves. Para ello, los profesionales cuidan el vínculo afectivo desde el embarazo y ayudan a las mujeres a desarrollar competencias de crianza.

La intervención busca aumentar la capacidad de las madres para ofrecer un entorno seguro. Además, promueve una crianza incompatible con el maltrato, la negligencia o la desprotección.

La prevención temprana puede evitar que, con el paso del tiempo, sea necesario activar medidas del Sistema de Protección de Menores o separar al bebé de su madre.

Un acompañamiento adaptado a cada familia

Las participantes suelen incorporarse al programa durante el segundo trimestre del embarazo. Después, el acompañamiento continúa hasta que el bebé cumple 18 meses.

No obstante, la intervención puede prolongarse hasta los dos años cuando las circunstancias de la familia lo requieren. La duración depende de las necesidades concretas de cada caso.

Una vez finalizado el proceso, la entidad mantiene abierta la posibilidad de realizar consultas. También orienta a las familias hacia otros recursos sociales o sanitarios cuando resulta necesario.

“Nunca hay un cierre brusco”, explica Carla Console. Esta flexibilidad permite que las madres no vuelvan a sentirse solas al terminar la intervención.

Más competencias de crianza al finalizar el programa

Los resultados de 2025 muestran una evolución positiva entre las participantes. El 67,27 % de las madres finalizó la intervención con una mejora significativa de sus competencias de crianza.

En estos casos, no fue necesario activar el Sistema de Protección de Menores. El acompañamiento temprano permitió reforzar las capacidades familiares y reducir los factores de riesgo.

Bajo el lema “30 años poniéndonos a la altura”, Fundación Meniños recuerda que la protección de la infancia puede comenzar incluso antes del nacimiento.

La entidad insiste en que cuidar a los bebés también implica sostener a sus madres. Una red cercana, estable y respetuosa puede marcar la diferencia durante el embarazo y la primera crianza.

Fuente
Ahora León
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