El alivio térmico roza la provincia tras jornadas de desgaste continuado. Las previsiones confirman que los termómetros difícilmente rebasarán la barrera de los 30 grados, sellando el carpetazo definitivo al episodio de temperaturas extremas que venía sofocando al noroeste peninsular. Un descanso necesario para la población que, sin embargo, llega con letra pequeña.
La atmósfera dista mucho de recuperar la estabilidad. La Agencia Estatal de Meteorología ha fijado en un 75 por ciento la probabilidad de tormentas para la comarca de El Bierzo, una zona golpeada por el fuego en las inmediaciones del municipio de Castropodame. La bajada del mercurio viene acompañada por nubes de evolución e intervalos matinales que podrían dejar bancos de niebla en las cotas más altas del norte y el oeste.
El verdadero peligro en las próximas horas no radica en las precipitaciones, sino en lo que las acompaña. Las tormentas estivales suelen descargar de forma irregular mientras generan fuertes rachas de viento racheado, un ingrediente temido por los equipos de extinción de incendios. El cambio brusco en la dirección del viento puede reavivar focos controlados y complicar los trabajos sobre el terreno en cuestión de minutos.
El cielo poco nuboso de las primeras horas dará paso a un aumento progresivo de la nubosidad a lo largo de la tarde. La provincia cambia así un enemigo por otro: abandona el riesgo del calor desmedido para entrar en una fase de incertidumbre marcada por la volatilidad del viento y la inestabilidad eléctrica en el monte.
