Los objetivos deportivos de un debutante suelen diseñarse con altas dosis de prudencia, buscando la adaptación al ritmo competitivo antes que la gloria de los puestos de cabecera. Sin embargo, hay atletas cuya progresión se encarga de destrozar cualquier hoja de ruta preestablecida. Es el caso de Enol, el corredor de la escudería Cronobierzo, que este fin de semana ha firmado una actuación memorable en la localidad alpina de La Thuile, en Italia, durante la celebración de la cuarta cita puntuable de la Copa del Mundo de Descenso (DH).
La cita italiana se presentaba como un listón altísimo para el ciclista berciano. El primer gran triunfo del fin de semana llegó al superar las mangas clasificatorias y lograr el pasaporte para la gran final júnior, una barrera psicológica y deportiva donde solo tienen cabida los pilotos más rápidos del planeta y que constituía el gran reto fijado para todo su año de estreno. Lejos de conformarse con haber cumplido el expediente y estar presente en la parrilla definitiva, el piloto del Bierzo afrontó la bajada decisiva con una madurez impropia de su edad.
En una disciplina donde el más mínimo error de trazada o una milésima de segundo de vacilación te expulsa de la clasificación, el berciano firmó una bajada impecable que le sirvió para amarrar una decimotercera posición en el mundial. El resultado adquiere una dimensión mayor al recordar que nos encontramos en su primer año de experiencia en la máxima categoría del mountain bike internacional, situándolo de golpe en el escaparate de las promesas más firmes de la especialidad.
Este rendimiento no solo supone un espaldarazo a la estructura técnica de Cronobierzo, sino que inyecta una dosis de moral extra en el depósito del piloto para afrontar el denso calendario que resta por delante. Sin apenas tiempo para asimilar el éxito en tierras italianas y limpiar el barro de la bicicleta, la expedición pone rumbo a los Pirineos. El circuito internacional no da tregua y la próxima parada aguarda este mismo fin de semana en Andorra, una pista mítica donde el corredor berciano buscará demostrar que lo vivido en el valle de Aosta no fue una sorpresa casual, sino el inicio de su viaje hacia la cumbre del ciclismo de montaña.
