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Así opinan los mayores de la Asociación Activos y Felices ante la noticia del adelanto electoral

Nuestros mayores observan con tristeza cómo la política actual se ha convertido en un escenario de revueltas constantes, rencillas personales y una polarización crispada que parece priorizar el enfrentamiento sobre el entendimiento

Asistimos de nuevo al anuncio de un adelanto electoral. Las portadas se llenan de titulares urgentes, las redes sociales arden en acusaciones cruzadas y el debate público vuelve a acelerar hasta rozar la histeria partidista. Sin embargo, en el día a día en la Asociación Activos y Felices , al compartir un café, una clase de memoria o una charla tras el taller de teatro, la reacción de las personas mayores es muy distinta. No hay entusiasmo electoral ni fervor de trinchera: lo que respira nuestro colectivo es una profunda fatiga, desconcierto y, sobre todo, una honda preocupación.

Nuestros mayores observan con tristeza cómo la política actual se ha convertido en un escenario de revueltas constantes, rencillas personales y una polarización crispada que parece priorizar el enfrentamiento sobre el entendimiento. Quienes han vivido lo suficiente para saber lo que cuesta construir la convivencia pacífica y el bienestar común no entienden este afán por dividir a la sociedad en bloques irreconciliables.

Para la generación que levantó este país con esfuerzo, renuncia y diálogo, la política no debería ser un espectáculo de trinchera, sino una herramienta al servicio de la gente. Les preocupa —y con razón— que el ruido electoral vuelva a paralizar las decisiones de estado realmente importantes: la atención a la dependencia, la sostenibilidad de las pensiones, la calidad de la sanidad pública, la lucha contra la soledad no deseada, la necesidad de atender a los jovenes para que puedan poner en marcha su proyecto  de vida  o el fortalecimiento del tejido asociativo que sostiene el bienestar diario en nuestras ciudades y pueblos.

Es precisamente en momentos de máxima volatilidad cuando los valores de nuestros mayores se vuelven más urgentes e indispensables que nunca.

Ellos representan la cultura del esfuerzo, esa que entiende que las cosas duraderas no se logran de la noche a la mañana ni a través del titular fácil. Encarnan la templanza y la empatía, capacidades fundamentales para escuchar al que piensa diferente sin convertirlo en un enemigo. Guardan el valor del respeto intergeneracional y de la solidaridad activa, demostrando cada día que una comunidad fuerte se mide por cómo cuida a sus miembros más vulnerables.

Si queremos aspirar a una sociedad más justa, humana e inclusiva, no podemos permitirnos el lujo de arrinconar la mirada sénior ni reducir a nuestros mayores a un mero caladero de votos en campaña. Su serenidad es la mejor medicina contra la polarización extremista; su experiencia, la mejor guía para no repetir errores del pasado; y sus demandas, el recordatorio moral de qué es lo verdaderamente prioritario.

Frente a la bronca y el enfrentamiento, las personas mayores de nuestra asociación nos piden algo muy sencillo pero profundamente revolucionario: cordura, compromiso social y altura de miras. Ojalá quienes hoy compiten por el poder tengan la humildad de bajarse de la tribuna, mirar a los ojos a nuestros mayores y aprender de su lección más valiosa: que una sociedad no avanza gritando más fuerte, sino caminando junta.

Opinión. Belen Aren. Presidenta de la Asociación Activos y Felices 

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