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Sánchez rechaza el rearme nuclear en Múnich

El presidente propone un ejército europeo y alerta: el gasto atómico mundial acabaría con la pobreza

La Conferencia de Seguridad de Múnich ha sido testigo de un hito en la diplomacia española: la primera participación de un presidente del Gobierno de España en este foro. Pedro Sánchez ha aprovechado este escaparate internacional para marcar una línea roja clara frente a la actual deriva belicista, sentenciando que «el rearme nuclear no es el camino» para contener la amenaza de Vladímir Putin.

El coste de la carrera atómica

Recuperando la histórica máxima de Ronald Reagan —«una guerra nuclear no se puede ganar»—, Sánchez alertó sobre los peligros de una escalada sin precedentes, especialmente ante la integración de la Inteligencia Artificial (IA) en los sistemas de destrucción masiva.

El presidente puso sobre la mesa datos demoledores para ilustrar la magnitud del desafío: las potencias mundiales invierten actualmente más de 11 millones de dólares cada hora en armamento. Sánchez fue especialmente crítico con las previsiones de Estados Unidos, que proyecta gastar 946.000 millones de dólares en su arsenal nuclear en la próxima década. «Esa suma sería suficiente para erradicar la pobreza extrema en el mundo», subrayó el líder socialista.

Hacia un «Pilar Europeo» de defensa

A pesar de su retórica a favor del desarme moral y la solidaridad, Sánchez defendió con firmeza la fiabilidad de España como aliado. Recordó que bajo su mandato se ha triplicado el gasto en defensa y duplicado el número de tropas desplegadas en misiones de la OTAN.

Su propuesta estrella para la estabilidad del continente fue la creación de un «auténtico ejército europeo». Para el presidente, fortalecer la capacidad militar propia de la Unión Europea y ampliar el bloque —incluyendo a Ucrania— es la única respuesta lógica a la realidad geopolítica actual.

El choque con los halcones del Norte

La postura de Sánchez, sin embargo, encontró fricciones en el flanco norte de la Alianza. El presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, mostraron una visión mucho más pragmática y contundente.

«Los países deben ser proveedores de seguridad, no consumidores», respondió Stubb de forma velada, insistiendo en que la prioridad debe ser aumentar el gasto en Defensa y el envío de armas a Kiev.

Frederiksen, por su parte, endureció el tono al asegurar que no se puede combatir la agresión rusa «con un brazo atado a la espalda», evidenciando la brecha entre la apuesta por el «rearme moral» de Madrid y la urgencia operativa de los países fronterizos con Rusia.

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