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Nila Aller nos cuenta el secreto de la felicidad a sus 81 años

Nila sobrevivió a la posguerra y al desamor para enseñarnos que el verdadero éxito no es lo que posees sino valorar el aquí y el ahora

La vida actual se mueve a un ritmo frenético. Pantallas, prisas, la presión constante por ser productivos y una desconexión latente con nuestras raíces. En medio de este ruido, sentarse a escuchar a personas como Nila Aller,  una mujer de 81 años cuya sonrisa actual es el resultado de batallas invisibles, se vuelve un ejercicio de aprendizaje imprescindible. Ella encarna la memoria viva de una generación que levantó un país desde la escasez y que hoy contempla con una mezcla de compasión y asombro el devenir de la juventud actual.

Para Nila, la felicidad no se construye con tecnología, sino con recuerdos tangibles. Al cerrar los ojos, viaja a una infancia humilde en el pueblo. No había lujos, pero sí el olor a la comida de su madre, un menú donde los garbanzos, las patatas y las alubias «viudas» —sin carne— eran el plato fuerte que llegaba gracias a la solidaridad familiar.

La valentía de empezar de nuevo a los 45 años

La trayectoria de Nila está lejos de haber sido un camino de rosas. Se casó a los 20 años en lo que ella misma define como su primer gran error. A los 29 ya era madre de cuatro hijos y a los 30 se sentía completamente amargada. Sin embargo, en la España de aquellos años, la opción de romper un matrimonio no era sencilla.

«Mi prioridad era sacar a mis hijos adelante y con 45 años tomé la decisión de mi vida de separarme», confiesa con la firmeza de quien sabe lo que cuesta la libertad.

Para sacarlos adelante, no dudó en convertirse en una «madre coraje», trabajando extenuantes jornadas limpiando casas ajenas. El objetivo era claro: que sus hijos tuvieran el futuro y la independencia que a ella le habían sido esquivados. Esta experiencia transforma por completo las perspectivas comunes sobre el éxito. Para ella, tener una buena vida no se traduce en acumular oro o grandes pretensiones, sino en gozar de una jubilación tranquila, viviendo bajo sus propias posibilidades y abrazando el presente.

Un mensaje urgente para la juventud hiperconectada

Al mirar a las nuevas generaciones, Nila no siente envidia de sus privilegios tecnológicos, sino una profunda empatía. Considera que los jóvenes actuales son afortunados por las opciones de elección que poseen, pero les lanza una advertencia cargada de sabiduría y preocupación por los brotes de violencia e incoherencia que a veces se ven en las calles.

  • Aprovechar las oportunidades: Disfrutar de lo que se tiene porque el tiempo pasa rápido y no regresa.

  • Vivir con cabeza: Ser felices con lo que hay, sin caer en excesos ni arreglar los problemas a base de impulsos destructivos.

  • Escuchar a los abuelos: Conectar con los mayores del entorno para entender el esfuerzo que costó edificar los derechos actuales.

Nila descarta la idea de que mirar al pasado deba ser un ancla negativa o un destino inevitable. El pasado debe ser una lección aprendida para no retroceder. Su testimonio nos recuerda la importancia de rescatar estas lecciones de vida de los mayores, quienes con su ejemplo demuestran que, por muy duro que sea el camino, siempre se puede salir adelante si se mantiene una actitud positiva y la mirada fija en el presente.

Nila lleva una vida activa, hace teatro, tiene actividad fisica, mantiene una ajetreada vida social y cultural, es miembro activo de la Asociación Activos y Felices.  En la actualidad vivir es su principal objetivo.

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