
Hoy, 1 de octubre, conmemoramos el Día Internacional de las Personas Mayores. Desde la asociación Activos y Felices, nos detenemos a reflexionar sobre una hipótesis tan sombría como reveladora: ¿cómo sería un mundo en el que no existiera la vejez?
Pensar en una sociedad sin mayores es imaginar un mapa sin referencias. Sería un entorno despojado de memoria histórica inmediata, donde las vivencias, la experiencia acumulada y el aprendizaje tras décadas de aciertos y errores quedarían borrados de un plumazo. Nos faltaría el pilar que sostiene la transmisión de valores entre generaciones, ese refugio de serenidad que ofrece la perspectiva del tiempo y una red de apoyo familiar y comunitario cuya labor, la mayoría de las veces silenciosa, resulta sencillamente insustituible. Un mundo sin mayores es, en definitiva, un presente sin raíces y con la memoria fracturada.
Existe una verdad universal que a menudo la prisa cotidiana nos hace olvidar: todos seremos mayores si la vida nos lo permite. Llegar a la vejez no es un privilegio ajeno ni una etapa distante que solo pertenece a otros, sino el destino natural y deseable de nuestro propio viaje. La forma en que hoy miramos, cuidamos y valoramos a nuestros mayores define de manera precisa el mundo en el que nosotros mismos viviremos el día de mañana.
Desde Activos y Felices reafirmamos nuestro compromiso con una sociedad integradora, que no mida el valor de las personas por su rendimiento económico inmediato, sino por su dignidad, su aportación vital y su derecho a un envejecimiento pleno, activo y respetado. «Celebrar este día es recordar que cada cimiento de nuestro presente fue construido por quienes nos precedieron, y que defender su espacio es defender nuestro propio futuro» manifiesta su presidenta Belen Aren.



