
Mucho antes de los aerosoles, las firmas urbanas y artistas como Banksy, las paredes ya servían para dejar mensajes. Los grafitis medievales en León demuestran que escribir, dibujar o grabar símbolos sobre un muro no es una costumbre contemporánea. Iglesias y monasterios de la provincia conservan todavía pequeñas huellas de quienes habitaron esos espacios hace siglos.
La historiadora Vanessa Jimeno, profesora del área de Historia del Arte de la Universidad de León (ULE), estudia estas manifestaciones para conocer qué significaban y quién pudo realizarlas. Su investigación dirige la mirada hacia rincones que normalmente pasan desapercibidos: piedras, arcos, muros y espacios reservados de edificios medievales.
Castillos, monasterios, iglesias, cuevas y necrópolis guardan inscripciones, dibujos y símbolos. En algunos casos son simples marcas. Sin embargo, otros pudieron funcionar como mensajes, señales de protección o formas de delimitar espacios considerados sagrados.
Peñalba de Santiago conserva algunos de los grafitis medievales más singulares de León
Uno de los conjuntos más llamativos se encuentra en la iglesia de Santiago de Peñalba, en Peñalba de Santiago. Las paredes de su coro conservan numerosos grafitis realizados mediante incisiones sobre la superficie.
Entre ellos pueden distinguirse dos leones con las cabezas giradas hacia el lomo y la lengua fuera, una escena de caza y varias figuras humanas. Algunas presentan una vestimenta semejante a la de los obispos representados en las miniaturas medievales.
El lugar en el que aparecen también aporta información. Al encontrarse en las paredes del coro, un espacio cuyo acceso estaba restringido, una de las hipótesis es que los propios monjes pudieran haber realizado algunos de estos dibujos.
De este modo, los grafitis medievales en León aportan una perspectiva distinta a la que ofrecen los grandes monumentos o los documentos históricos. No hablan de reyes ni de grandes acontecimientos. En cambio, muestran acciones mucho más cotidianas.
Monioni y Fructuoso dejaron sus nombres en San Miguel de Escalada
Otro de los ejemplos estudiados se localiza en San Miguel de Escalada, uno de los conjuntos medievales más destacados de la provincia de León.
En uno de los arcos del interior del templo permanecen grabados los nombres de Monioni y Fructuoso. Su ubicación resulta especialmente reveladora, ya que se encuentran en una zona de difícil acceso.
Según plantea la investigación, las inscripciones pudieron realizarse antes de colocar las piedras en su posición definitiva durante la construcción del edificio. Otra posibilidad es que sus autores aprovecharan los andamios utilizados durante los trabajos.
Es un pequeño detalle, pero permite acercarse de una forma inusual a personas que estuvieron físicamente en aquel lugar hace siglos.
Grafitis para proteger a quienes cruzaban una puerta
Las investigaciones sobre grafitis medievales no se limitan a León. Castilla y León conserva ejemplos que muestran cómo estas marcas podían cumplir funciones muy diferentes.
En la iglesia de San Pedro de Tejada, en Burgos, una puerta reservada antiguamente al acceso de los monjes conserva dos nudos de Salomón grabados en las dovelas.
Estos diseños se relacionan con los llamados símbolos apotropaicos. Es decir, elementos a los que se atribuía una función de protección. En este caso, podrían haber sido realizados para proteger simbólicamente a las personas que atravesaban ese acceso.
Cruces para señalar espacios sagrados en Segovia y Burgos
Otros grafitis pudieron desempeñar una función relacionada con la señalización del territorio.
En la iglesia de San Miguel de Bernuy, en Segovia, el muro de la torre conserva numerosas cruces de distintas formas y probablemente realizadas en momentos diferentes.
Una de las hipótesis apunta a que estas marcas servían para subrayar el carácter sagrado del entorno, posiblemente relacionado con la existencia de una necrópolis próxima al templo.
Una interpretación similar puede plantearse en Santa María de Quintanilla de las Viñas, en Burgos, donde también se conservan marcas cruciformes y existe un espacio funerario en los alrededores.
Mucho más que simples rayas en una pared
El estudio de los grafitis medievales en León y en otros puntos de Castilla y León abre una vía para conocer aspectos de la sociedad que difícilmente aparecen en otras fuentes históricas.
Una inscripción puede revelar un nombre. Un dibujo permite conocer determinados motivos visuales. Una cruz puede señalar una creencia y un símbolo aparentemente decorativo puede haber tenido una finalidad protectora.
Por eso, estas marcas son algo más que curiosidades escondidas en edificios centenarios. Constituyen testimonios directos de personas que quisieron dejar constancia de su paso por un lugar.
Siglos antes de que escribir un nombre sobre una pared se asociara al grafiti urbano, alguien ya había sentido esa misma necesidad. En Peñalba de Santiago, San Miguel de Escalada y otros templos de Castilla y León, aquellas huellas todavía permanecen grabadas en la piedra.
