Desde el inicio de la ofensiva israelí el 7 de octubre de 2023, la Franja de Gaza ha registrado al menos 60.000 vidas perdidas, según los últimos datos publicados este martes por el Ministerio de Sanidad palestino. La situación humanitaria se agrava día a día, con un incremento constante de víctimas y el colapso de infraestructuras esenciales.
En las últimas 24 horas, 113 personas fallecieron tras ser ingresadas en los hospitales del enclave. La noche trajo consigo nuevas explosiones que impactaron un campamento de refugiados en el norte de Nuseirat, en el centro de Gaza. Posteriormente, el avance de tanques israelíes hacia la zona provocó una huida masiva de familias, mientras que otras quedaron atrapadas, sin posibilidad de escapar.
Violencia en los puntos de distribución de alimentos
La búsqueda de alimentos se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Al menos 22 civiles murieron y 45 resultaron heridos en enfrentamientos relacionados con disparos israelíes cerca de puntos de distribución de ayuda.
Uno de los incidentes más graves ocurrió en la calle Salah al Din, al sur de Wadi Gaza, donde opera el centro SDS4 de la controvertida Fundación Humanitaria para Gaza (GHF). Esta organización, apoyada por Israel y Estados Unidos, ha sido criticada por la ONU, y en sus inmediaciones, 13 personas perdieron la vida. Además, otras siete víctimas llegaron al hospital Nasser, en el sur de la Franja, tras ser alcanzadas por fuego israelí en un punto de distribución de la GHF en Ráfah.
Desde mayo, cuando la GHF comenzó a operar con su nuevo modelo de distribución de ayuda, el Ministerio de Sanidad ha documentado 1.179 muertes y al menos 7.957 heridos entre quienes intentaban recoger asistencia humanitaria. Testimonios recabados por RTVE.es describen una realidad desoladora: los gazatíes se ven obligados a elegir entre «morir de hambre o arriesgarse a ser tiroteados» mientras esperan por una cantidad insuficiente de alimentos y suministros básicos.
La hambruna, una amenaza inminente y reconocida
Las agencias de la ONU han lanzado reiteradas alertas sobre el riesgo inminente de hambruna en Gaza. Más de un tercio de la población, el 39%, pasa días enteros sin comer, y los indicadores de nutrición han alcanzado sus peores niveles desde el inicio del conflicto.
A pesar de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, niega la hambruna en Gaza y afirma trabajar con EE.UU. y Europa para asegurar la entrada de «grandes cantidades de ayuda humanitaria», figuras internacionales como el estadounidense Donald Trump han reconocido la gravedad de la situación, hablando de una «hambruna real«. Trump incluso anunció que EE.UU. instalará centros de alimentos sin vallas en Gaza para facilitar el acceso de la población.
Según los datos de la Alerta de Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria (IPC), «dos de los tres umbrales de hambruna ya han sido superados en algunas áreas del territorio». El Programa Mundial de Alimentos (PMA) y UNICEF advierten que el tiempo se agota para implementar una respuesta humanitaria a gran escala, ante la persistencia del conflicto, el colapso de servicios esenciales y las severas limitaciones en la entrega de ayuda. La comunidad internacional sigue presionando para garantizar un flujo ininterrumpido y seguro de asistencia humanitaria en la Franja.