El ex vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, ha dinamitado definitivamente los puentes con su antigua formación política. En una explosiva entrevista concedida al diario El Mundo justo tras depositar su voto en las recientes elecciones autonómicas, el abogado ha lanzado una de las críticas más severas que ha recibido Santiago Abascal desde las entrañas de su propio espacio político.
Lejos de una simple discrepancia ideológica, García-Gallardo ha apuntado directamente a la línea de flotación financiera del partido, asegurando que, de continuar por esta senda, la formación verde «quedará como el plan de pensiones de Abascal».
El polémico «tercer sueldo» y el papel de Lidia Bedman
Una de las revelaciones más graves del exdirigente castellanoleonés gira en torno a los ingresos del líder del partido. Según Gallardo, su confianza en Abascal se fracturó irreparablemente días antes de su dimisión al descubrir que este se estaría embolsando un «tercer sueldo».
Este presunto sobresueldo no llegaría por vías directas y oficiales, sino a través de Lidia Bedman, esposa de Abascal. García-Gallardo detalla que el dinero se ingresa en la cuenta de Bedman a través de un proveedor oficial del partido, justificándolo como «presuntos servicios de consultoría en materia de redes sociales» prestados a una sociedad mercantil que, paradójicamente, se encuentra en pérdidas y en causa de disolución.
El «parapartido» y las sombras sobre los recursos públicos
Para entender cómo se articula este presunto desvío de intereses, Gallardo señala a dos figuras que operan fuera de la primera línea mediática, pero que tendrían el control real de la formación: Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza.
El ex vicepresidente denuncia la existencia de un ecosistema empresarial, una auténtica «galaxia de sociedades mercantiles» creadas por las familias de ambos asesores.
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Deuda de gratitud: Gallardo asegura que Abascal está atado a estas figuras porque son quienes permiten el opaco entramado financiero familiar.
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Parasitación de recursos: Estas empresas independientes funcionarían, en palabras del abogado, como un «parapartido» diseñado para «detraer y parasitar» los ingentes fondos públicos a los que Vox tiene acceso gracias a su representación institucional.
Guerra sucia y purgas internas
El contexto de la denuncia de Gallardo no es casual. Coincide con una época de profunda reestructuración en Vox, marcada por apartamientos sonados como el de Javier Ortega-Smith.
García-Gallardo confirma de forma rotunda que existe una «guerra sucia» institucionalizada dentro de la formación contra cualquier voz crítica. Denuncia tácticas que él mismo afirma haber sufrido, incluyendo el uso de los canales oficiales y las redes sociales del partido para destruir reputaciones. Más grave aún, acusa a la dirección nacional de desviar publicidad institucional —asignada a las consejerías donde gobernaban— para financiar campañas de desprestigio contra sus propios cargos públicos, una maniobra que califica de «sectaria e inaceptable».
¿El germen de un nuevo partido?
Ante el «secuestro» que sufre el partido por parte de esta camarilla, Gallardo deja la puerta abierta a la reestructuración del espacio de la derecha conservadora.
Subrayando que Vox ha adoptado una postura excesivamente centralista que «no entiende que hay una España más allá de la M-30», el ex vicepresidente advierte que si la actual marca deja de ser útil para los ciudadanos, los perfiles purgados y descontentos tendrán que plantearse iniciar «una nueva etapa, en un nuevo partido» que entienda la diversidad territorial española sin renunciar a su unidad.
