Fundación Mapfre y el Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC) han impulsado una hoja de ruta con 23 medidas para prevenir el consumo de drogas en la conducción. La propuesta, presentada durante el Seminario Internacional sobre conducción bajo los efectos de las drogas, cuenta con el respaldo de expertos, instituciones públicas y privadas, entidades de prevención y asociaciones de víctimas.
El objetivo es reducir el impacto de las drogas en la seguridad vial en España y Europa. La iniciativa pone el foco en sustancias distintas del alcohol, como la cocaína y el cannabis, aunque los expertos recuerdan que el alcohol sigue siendo la droga con mayor peso en la mortalidad vial.
Según los datos expuestos en el encuentro, uno de cada seis conductores fallecidos en accidente de tráfico en España da positivo en drogas distintas del alcohol. Esta realidad preocupa a las instituciones por su relación directa con la siniestralidad.
Cualquier droga puede alterar la conducción
Los especialistas han advertido de que cualquier droga, incluso en cantidades muy pequeñas, puede afectar a la capacidad de conducir. Sus efectos pueden provocar somnolencia, pérdida de coordinación, menor atención y una falsa percepción del riesgo.
Estas alteraciones hacen que el conductor se convierta en un peligro para sí mismo y para el resto de usuarios de la vía. Por ello, la hoja de ruta plantea medidas de control, prevención y rehabilitación.
Entre las propuestas más destacadas figuran la tolerancia cero a las drogas al volante, el refuerzo de los controles aleatorios de saliva en carretera, los programas obligatorios de rehabilitación para reincidentes y la incorporación de la justicia restaurativa para reducir la reincidencia.
Una respuesta integral ante un problema creciente
Durante la jornada, los participantes coincidieron en que la conducción bajo los efectos de las drogas exige una respuesta coordinada. Esta debe combinar educación vial, vigilancia, intervención sanitaria y concienciación social.
Antonio Guzmán, director de Seguridad Vial, Salud y Prevención de Fundación Mapfre, subrayó la necesidad de reforzar la educación y la responsabilidad al volante. En la misma línea, Álvaro Gómez, director del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de la DGT, defendió un enfoque que incluya formación, control, investigación y atención terapéutica.
Por su parte, Antonio Avenoso, director ejecutivo del ETSC, advirtió de que conducir bajo los efectos de las drogas no puede tratarse como un problema secundario. A su juicio, las estrategias nacionales deben combinar límites claros, más pruebas en carretera y rehabilitación obligatoria.
Datos que evidencian la magnitud del problema
El seminario recordó que, según el último informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, el 16,4% de los conductores fallecidos en siniestros de tráfico dio positivo en drogas. Las sustancias más habituales fueron la cocaína y el cannabis.
El problema también afecta a los peatones. La presencia de drogas distintas del alcohol se constató en el 11% de los viandantes fallecidos, con el cannabis como sustancia más frecuente.
Además, en 2024 se realizaron 122.938 pruebas de drogas, un 20,6% más que en 2023. Este aumento refleja una mayor presión de vigilancia sobre las conductas de riesgo en carretera.
Medidas con impacto también en León
Aunque la hoja de ruta tiene alcance nacional y europeo, sus propuestas afectan a todos los territorios, también a la provincia de León. Las carreteras leonesas, tanto urbanas como interurbanas, forman parte de un escenario en el que la prevención resulta clave para reducir accidentes evitables.
La propuesta insiste en campañas en escuelas, autoescuelas, centros de trabajo y entornos de ocio. También plantea implicar a sectores como festivales, empresas de transporte y administraciones públicas.
Tres ejes: control, rehabilitación y prevención
La hoja de ruta se organiza en tres grandes líneas de actuación. La primera busca reforzar el control mediante más pruebas de saliva, controles visibles y mejor formación para los agentes de tráfico.
La segunda apuesta por la rehabilitación. En este punto se plantean cursos obligatorios, evaluaciones clínicas y derivación a servicios de salud para conductores reincidentes o casos graves.
La tercera línea se centra en la prevención. Los expertos proponen campañas más directas sobre los riesgos del cannabis, la mezcla de sustancias y el uso de psicofármacos incompatibles con la conducción.
También se propone trabajar con microcreadores locales y referentes cercanos para lograr mayor credibilidad social. La meta es cambiar la percepción de riesgo y generar presión social positiva contra el consumo de drogas al volante.
Hacia una movilidad más segura
Fundación Mapfre y el ETSC consideran que la reducción de la siniestralidad pasa por una estrategia sostenida en el tiempo. Para ello, reclaman más coordinación entre administraciones, mejores datos, investigación aplicada y colaboración entre el sector público y privado.
La hoja de ruta también plantea una regulación clara de 0,0 drogas al volante, con el fin de eliminar cualquier ambigüedad. Además, propone limitar las recuperaciones del permiso de conducir y reforzar el seguimiento de los casos más graves.
Con estas medidas, los expertos buscan avanzar hacia una movilidad más segura, responsable y comprometida con la prevención. El mensaje es claro: drogas y conducción son incompatibles.