El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha arrojado una de cal y otra de arena sobre la gestión económica del Gobierno de Pedro Sánchez. En su último informe de supervisión, la institución financiera con sede en Washington ha certificado la solidez y la resiliencia que viene demostrando el Producto Interior Bruto (PIB) de nuestro país. Sin embargo, el reconocimiento técnico llega acompañado de una severa advertencia: el Ejecutivo central debe acometer de manera inmediata una serie de ajustes estructurales para blindar las cuentas públicas ante los desafíos demográficos que se avecinan a medio plazo.
Las recomendaciones de los hombres de negro se concentran de forma prioritaria en dos grandes áreas de actuación: la política de subvenciones fiscales directas a los consumidores y la estrategia para atajar la crisis habitacional que sufre el país.
La receta para las pensiones: fin a las rebajas del IVA energético
El FMI ha sido tajante al solicitar a España la eliminación definitiva de las medidas de choque energéticas implementadas durante la crisis inflacionaria, tales como las rebajas del IVA aplicadas a los carburantes, la electricidad y el gas natural. Desde la óptica del organismo, este tipo de bonificaciones universales resultan regresivas, «distorsionan» los mecanismos de fijación de precios del mercado y restan recursos críticos a las arcas públicas en un contexto donde el volumen de deuda soberana nacional sigue siendo notablemente elevado.
La urgencia del FMI para retirar estos estímulos responde a la necesidad imperiosa de reconstruir el «colchón fiscal» del Estado. El organismo calcula que España se expone a una de las mayores presiones de gasto público de toda la Unión Europea debido, fundamentalmente, al envejecimiento de la población activa y la jubilación de la generación del baby boom.
«España se enfrentará a uno de los mayores aumentos proyectados en el gasto público en pensiones, sanidad y cuidados a largo plazo entre las economías avanzadas de la UE, pasando del 4,5% al 5,1% del PIB entre los años 2025 y 2050», advierte el documento del fondo.
La institución financiera solo contempla la posibilidad de prorrogar excepcionalmente estas ayudas en caso de que se produzca un agravamiento severo en el mercado internacional del petróleo, especificando que, de darse ese escenario, los subsidios deberían ser estrictamente quirúrgicos y dirigidos en exclusiva a los sectores de población más vulnerables, nunca con un carácter universal.
El dogma de la vivienda: construir más y descartar la intervención de precios
El encarecimiento crónico de los inmuebles y la consecuente inaccesibilidad al mercado residencial es otro de los puntos que genera mayor preocupación en el FMI. Los analistas advierten de que las dificultades de acceso a la vivienda, si se prolongan en el tiempo, podrían acabar trasladándose como un factor de inestabilidad latente hacia el propio sector bancario y financiero del país.
Frente a las políticas de intervención que viene ensayando el ala del Ejecutivo, la solución defendida por el FMI pasa exclusivamente por los estímulos a la oferta. El organismo aboga por aumentar el ritmo de construcción de nueva planta y reducir drásticamente las trabas burocráticas que ralentizan el desarrollo de los proyectos y las promociones inmobiliarias.
Asimismo, los técnicos desaconsejan de forma explícita el uso generalizado de herramientas de control de precios o topes en las rentas del alquiler de vivienda. Aunque consideran que el riesgo de impago bancario actual sigue bajo mínimos, sostienen que fijar límites artificiales a los arrendamientos tiende a contraer aún más el mercado residencial disponible a largo plazo.
Un crecimiento garantizado pero a menor velocidad
En el plano estrictamente macroeconómico, las proyecciones del FMI confirman que la economía de España seguirá operando en terreno positivo durante los próximos ejercicios, desmarcándose de la atonía que muestran otras potencias de la eurozona. No obstante, el ritmo de crucero previsto por Washington se sitúa un escalón por debajo del optimismo mostrado por la Comisión Europea en sus informes de primavera.
Las estimaciones del organismo internacional auguran una expansión del PIB del 2,1% para este año 2026. De cara a los dos próximos ejercicios económicos, el FMI pronostica una moderación del dinamismo, estabilizando la tasa de crecimiento anual en el 1,7%. Unas cifras que, si bien constatan la fortaleza del modelo, obligan al Ejecutivo a gestionar con prudencia el gasto de cara al final de la década.