
El euríbor ha marcado un punto de inflexión en su trayectoria reciente al rebasar la barrera del 3 % este viernes. Se trata de un nivel que el índice de referencia no alcanzaba desde septiembre de 2024, consolidando un cambio de tendencia con repercusión directa en las economías domésticas vinculadas a préstamos a tipo variable o mixto.
La traslación de esta subida al recibo hipotecario dependerá de las condiciones de cada contrato, pero las proyecciones para una hipoteca media de 300.000 euros a 25 años reflejan un incremento mensual de 133 euros si el mes de agosto cierra en los niveles actuales. En el cómputo anual, este ajuste supone un sobrecoste de 1.600 euros para las familias que deban revisar las condiciones de su préstamo en estas semanas.
El repunte del indicador responde a un escenario macroeconómico condicionado por la inestabilidad geopolítica. Las tensiones en Oriente Medio, con el estrecho de Ormuz como punto crítico de conflicto, la escalada de bombardeos, los recortes en el suministro de crudo y gas y las medidas restrictivas anunciadas por la administración de Donald Trump han presionado al alza los precios energéticos.
Esta coyuntura ha acelerado los niveles de inflación en la Eurozona, alterando la hoja de ruta de los mercados financieros. En este contexto, la previsión del sector apunta a que el Banco Central Europeo (BCE) vuelva a incrementar los tipos de interés en sus próximas reuniones para frenar la pérdida de poder adquisitivo del consumidor.
Los efectos de esta dinámica exceden la revisión de los préstamos ya vigentes. El encarecimiento del dinero afectará a la concesión de nuevo crédito, encareciendo los tipos de salida de las nuevas hipotecas tanto a tipo variable como fijo.



