
Las iglesias de pueblo suelen guardar tesoros que la prisa contemporánea ignora. En Santa Marina del Rey, sin embargo, el retablo sonoro de su parroquia ha vuelto a vibrar. La octava edición del Curso Internacional de Órgano Ibérico bajó el telón este sábado demostrando algo evidente: cuando el patrimonio se toca, se enseña y se entiende, deja de ser un mueble viejo para convertirse en un organismo vivo.
Nada de solemnidades acartonadas. La jornada final fue una lección de rigor y sensibilidad a partes iguales.
El músico leonés Miguel Ángel Viñuela Solla, director de la cita, capitaneó un concierto de clausura levantado sobre dos pilares de la historia musical hispana. Por un lado, la conmemoración de los cuatro siglos de la Facultad Orgánica de Francisco Correa de Arauxo (1626), tratado catedralicio para entender la música de tecla del Siglo de Oro. Por otro, un homenaje cargado de afecto a Montserrat Torrent i Serra, leyenda viva del instrumento que acaba de cumplir cien años y que inauguró este mismo curso tiempo atrás. Un siglo entero dedicado a defender el valor del aire empujado por los fuelle.
El concierto no se limitó a la reproducción fiel del papel pautado. Hubo riesgo. Los alumnos Marta Prieto Arracó, Juan José González Pascual y Luis Carnicero se alternaron en el teclado ejecutando improvisaciones, variaciones y lecciones en posición fija, haciendo dialogar la tradición del tiento con la frescura de la ejecución en directo.
El matiz diferenciador llegó desde la palabra. El propio Carnicero salpicó la velada con versos escritos para la ocasión, convirtiendo la nave central del templo en un cruce entre la mística barroca y la lírica actual. A la caja del instrumento le dedicó líneas precisas: «Órgano-retablo, corazón de este lugar, guardián de tanta música sentida, tú sabes que ningún eco se extingue si las Artes lo encuentran y prolongan».
Tras una semana intensa donde los matriculados no solo desmenuzaron el repertorio entre los siglos XVI y XVIII, sino que recorrieron la geografía de los órganos ibéricos de la provincia de León, llegó el momento institucional. El alcalde y diputado provincial, Francisco Javier Álvarez, junto a Viñuela, entregó las acreditaciones a los participantes, confirmando que la maquinaria para la novena edición ya está en marcha.
El compromiso municipal busca consolidar ese trinomio entre palabra, música y piedra que tan bien le sienta a la ribera del Órbigo. Porque recuperar el patrimonio sonoro no consiste en acumular catálogos ni en compadecerse del pasado, sino en conseguir que, año tras año, un chispazo de aire vuelva a encender los tubos.

