
El suelo del Campus de Vegazana fue testigo de una imagen tan inusual como cargada de simbolismo deportivo. Las dos grandes disciplinas de agarre tradicional de España, la lucha leonesa y la canaria, compartieron espacio, mañas y agarres en el I Torneo Interuniversitario de Luchas Tradicionales. Una cita que no solo midió fuerzas en el corro, sino que sirvió para ratificar el compromiso de la academia con el deporte de raíz y la cultura popular.
La competición arrancó bajo la clásica fórmula leonesa de Montaña contra Ribera, para dar paso posteriormente a la vibrante modalidad canaria de lucha corrida, donde todos los deportistas se miden entre sí en un dinámico mano a mano. Aunque el dominio canario fue evidente en su especialidad —donde solo unos pocos leoneses lograron arañar caídas—, la modalidad leonesa ofreció bregas de un altísimo nivel de equilibrio.
El cuadro de honor dejó destellos memorables que reflejan la fraternidad entre ambas riberas:
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Especialidad leonesa: La canaria Tindaya Infante firmó una actuación soberbia imponiéndose a seis rivales consecutivas para hacerse con el tradicional premio del mazapán.
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El trofeo del ‘gallo’: El luchador canario Kiko Elvira alzó el máximo galardón de los aluches tras vencer en una disputada final al joven leonés Víctor Hernández.
Más allá de las medallas, el choque entre Elvira y Hernández resumió la esencia del encuentro. Kiko ostenta raíces en el leonés Valle de Fénar, mientras que Víctor compite deportivamente en los aluches bajo el apodo de Canario II en honor a sus orígenes isleños. Dos trayectorias cruzadas que escenifican cómo la movilidad y el deporte tejen puentes indestructibles entre culturas lejanas.
Esta cita competitiva sirvió como broche de oro al Encuentro Interuniversitario de Luchas Tradicionales, un evento impulsado por la Cátedra Emilio Rivero Rodríguez que congregó a la Universidad de León (ULE), la Universidad de La Laguna y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Unas jornadas que alternaron el trabajo sobre la arena con seminarios técnicos, visitas al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de León y mesas de investigación científica destinadas a proteger dos disciplinas que ostentan la declaración de Bien de Interés Cultural Inmaterial.
Como subrayó Diego Soto, vicerrector de Estudiantes, Cultura y Deportes de la ULE, el papel de las aulas debe trascender la docencia para convertirse en el custodio y motor de las tradiciones locales. En Vegazana no solo se peleó por una caída; se asentaron las bases para que el patrimonio deportivo de ambas regiones siga vivo, transmitiéndose de generación en generación a través del marco universitario.


