El Día Internacional de la Conservación del Suelo vuelve a poner el foco en una realidad que afecta de forma directa al campo, al medio ambiente y al futuro de los territorios rurales. La fecha se conmemora cada 7 de julio en memoria de Hugh Hammond Bennett, considerado uno de los pioneros de la conservación del suelo y fallecido ese mismo día en 1960.
En una provincia como León, donde el paisaje rural, la agricultura, la ganadería y los espacios naturales forman parte de la identidad del territorio, esta jornada invita a mirar al suelo como algo más que una superficie. Es una base viva que sostiene cultivos, regula el agua, conserva nutrientes y ayuda a mantener el equilibrio de los ecosistemas.
Un recurso esencial que tarda mucho en recuperarse
El suelo fértil no se regenera de un día para otro. La erosión del suelo puede producirse de forma natural, pero se acelera por prácticas como la agricultura intensiva, la deforestación, el sobrepastoreo y los cambios inadecuados en el uso de la tierra. La FAO advierte de que las tasas de erosión suelen ser mucho más rápidas que las de formación del suelo, por lo que su pérdida no se recupera dentro de una vida humana.
Además, la degradación del suelo reduce su calidad, disminuye la productividad agrícola y afecta a funciones clave de los ecosistemas. También puede aumentar riesgos como inundaciones, deslizamientos y pérdida de biodiversidad.
Conservación del suelo y cambio climático
La conservación del suelo está vinculada a retos globales como la sequía, la desertificación y el cambio climático. La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación señala que hasta el 40% de las tierras del planeta están degradadas, una situación que afecta a millones de personas y amenaza la seguridad alimentaria, la biodiversidad y el desarrollo económico.
La degradación de la tierra y la desertificación también tienen un coste económico elevado. Según datos de la UNCCD, estos procesos suponen para la comunidad internacional un coste estimado de 878.000 millones de dólares al año.
Qué se puede hacer para proteger el suelo
La gestión sostenible de la tierra es una de las claves para frenar la pérdida de suelo fértil. Naciones Unidas define este enfoque como el uso de los recursos de la tierra, incluidos suelo, agua, animales y plantas, para cubrir necesidades humanas sin comprometer su capacidad productiva a largo plazo ni sus funciones ambientales.
Entre las medidas más eficaces destacan la rotación de cultivos, el mantenimiento de cubiertas vegetales, la reducción de la erosión en laderas, la reforestación, el uso responsable del agua y la prevención del abandono de suelos vulnerables.
También resulta importante mejorar la educación ambiental. La conservación del suelo no depende solo del sector agrario. Afecta a administraciones, empresas, centros educativos y ciudadanía. Cada decisión sobre consumo, territorio, urbanismo o gestión del agua puede influir en la salud del suelo.
León ante el reto de cuidar su territorio
El Día Internacional de la Conservación del Suelo sirve para recordar que la protección del territorio empieza por cuidar lo que no siempre se ve. Bajo los cultivos, los montes, los prados y los caminos existe una capa de vida que sostiene buena parte del bienestar presente y futuro.
En León, esta efeméride cobra especial sentido por la relación histórica de la provincia con el campo y los recursos naturales. Preservar el suelo significa defender la productividad agraria, reducir riesgos ambientales y garantizar paisajes más resilientes frente a la sequía y los efectos del cambio climático.
La fecha no es solo una llamada de atención. También es una oportunidad para impulsar prácticas responsables, reforzar la sensibilización ambiental y avanzar hacia un modelo de desarrollo que proteja la tierra como recurso limitado.
Cuidar el suelo es cuidar el agua, los alimentos, la biodiversidad y el futuro de las próximas generaciones.

