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Cuidar a quienes nos cuidan: el grito de auxilio del Monte San Isidro

No es solo presión estacional; es la falta de recursos en un hospital que atiende a nuestros mayores más vulnerables

Hay silencios en los pasillos de nuestros hospitales que dicen más que cualquier estadística. En el Hospital Monte San Isidro de León, ese silencio se ha roto para convertirse en una denuncia pública: la carga de trabajo es, sencillamente, insostenible.

Desde la Federación de Sanidad de CCOO León se ha puesto sobre la mesa una realidad que muchos sospechaban pero pocos se atrevían a detallar con tanta crudeza. El personal del Monte San Isidro no se enfrenta a una «campaña de invierno» más; se enfrenta a un sistema que fía la calidad asistencial al sobreesfuerzo heroico de sus trabajadores y trabajadoras. Y la heroicidad, aunque loable, no es un modelo de gestión sostenible ni seguro.

Un perfil de paciente que exige más que «tiempo»

Es fundamental entender de qué hablamos cuando hablamos del Monte San Isidro. No es un hospital de agudos convencional. Sus camas las ocupan, mayoritariamente, personas  con patologías crónicas multiorgánicas. Son pacientes que no solo necesitan medicación, sino cuidados de enfermería intensos, cambios posturales, atención personalizada y una vigilancia que el actual ratio de personal no permite garantizar sin comprometer la salud mental del profesional.

Como bien apunta la coordinadora de CCOO, Dulci Álvarez, el estrés que soportan enfermeras, enfermeros y TCAE está llegando a niveles alarmantes. Cuando un profesional sanitario trabaja bajo una presión constante y con recursos humanos insuficientes, el riesgo de error aumenta y la calidad humana de la atención, ese pilar tan necesario en la geriatría, se resiente inevitablemente.

Una inversión mínima para un beneficio máximo

La petición trasladada a la Gerencia del Complejo Asistencial Universitario de León (CAULE) es razonable y, sobre todo, urgente: reforzar con un profesional más por turno (mañana y tarde, de lunes a domingo) en los equipos de enfermería y auxiliares.

¿Es mucho pedir un solo profesional más por turno para garantizar que nuestros mayores sean atendidos con la dignidad que merecen? En el contexto de un presupuesto sanitario autonómico, esta medida es una inversión mínima. No hacerlo es una decisión política que castiga doblemente: al trabajador, que acaba quemado y exhausto, y al paciente, que ve reducida la excelencia de su cuidado.

Conclusión

La sanidad pública leonesa no puede permitirse el lujo de dejar caer a uno de sus pilares. El Hospital Monte San Isidro es esencial para el equilibrio del CAULE. Si la Gerencia no actúa de inmediato, estará enviando un mensaje peligroso: que la salud de los más vulnerables y el bienestar de quienes los cuidan son prescindibles frente al ahorro presupuestario.

Es hora de pasar de las palabras a los hechos. Por justicia laboral y, sobre todo, por dignidad asistencial.

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