El teatro tiene la capacidad única de detener el tiempo, pero en la nueva propuesta de Ana Barcia y Raquel Mirón Producciones, el tiempo es precisamente el protagonista invisible que acecha y, a la vez, libera. Bajo el título Mientras el meteorito llega, las creadores nos entregan una pieza de orfebrería emocional, intimista y reflexiva, que funciona como un antídoto contra la ansiedad del futuro.
La premisa nos sitúa en un «no-lugar», un espacio indeterminado habitado por dos mujeres. La amenaza es colosal pero ambigua: un meteorito que quizás esté por caer, que tal vez ya cayó hace siglos o cuya llegada es simplemente una metáfora de la propia autodestrucción humana. Sin embargo, lejos de caer en el pánico o la distopía oscura, el texto de Ana Barcia —quien también asume la dirección— opta por la luminosidad.
Navegar en la memoria
Sobre las tablas, las propias Raquel Mirón y Ana Barcia encarnan a estos dos seres que, ignorando de cuánto crédito vital disponen, deciden gastarlo en lo único que les pertenece: la conversación. La obra se despliega como un mapa de la memoria, donde las protagonistas se preguntan quién contará su historia cuando ya no estén. ¿Será un relato heroico o un susurro olvidado?
La dramaturgia invita al espectador a un ejercicio de introspección colectiva: sacudirse la nostalgia paralizante para imaginar nuevas formas de futuro, incluso cuando el horizonte parece cerrarse. Es una celebración del presente, una reivindicación del «estar» frente a la inminencia del «no ser».
Una atmósfera envolvente
Para sostener este diálogo existencial, la producción se apoya en un equipo técnico de primer nivel que dota de cuerpo a lo intangible. La asesoría de espacio escénico de Pablo Chaves y el diseño de luces de Raquel Rodríguez colaboran para crear ese limbo atemporal, un entorno que respira con las actrices.
El vestuario de Sandra Espinosa y, muy especialmente, el diseño de espacio sonoro de Fran MM Cabeza de Vaca, terminan de coser la atmósfera, envolviendo al público en una experiencia sensorial que acompaña el viaje emocional de las protagonistas.
Mientras el meteorito llega no es una advertencia sobre el final de los tiempos, sino un recordatorio de que, mientras el telón no baje definitivamente, la vida sigue ocurriendo en cada palabra compartida.