La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha aprovechado el arranque del año para recordar una de las medidas estrella del nuevo marco de comedores escolares: la obligación de incluir fruta fresca al menos cuatro días por semana en los menús infantiles. La entidad enmarca el cambio en la normativa aprobada en 2025, que busca reforzar la calidad de la alimentación en los centros educativos y acercarla a patrones más saludables.
La OCU subraya que la norma —impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030— recoge recomendaciones que la organización venía defendiendo desde hace años. En la práctica, la medida más visible para las familias es esa fruta fresca en menús escolares obligatoria, un requisito que, según la entidad, debería notarse de forma inmediata en el día a día del comedor.
Más variedad semanal y menos ultraprocesados
Además de la fruta, el decreto introduce otros mínimos semanales. En concreto, los centros deben ofrecer legumbres, hortalizas, huevos y pescado al menos una vez por semana cada uno. Con ello se busca aumentar la variedad y garantizar la presencia de alimentos de alto valor nutricional en la dieta infantil.
El texto también fija nuevas pautas para los cereales: se establece la incorporación de arroz o pasta integrales, con una frecuencia mínima de cuatro veces al mes. A esto se suma el impulso a los alimentos ecológicos y de temporada, una línea que pretende hacer la alimentación escolar más sostenible y alineada con el calendario de productos frescos.
En paralelo, la normativa marca límites claros para opciones menos recomendables: las frituras se restringen a un máximo de un día por semana y los platos precocinados quedan limitados a una vez al mes. Para la OCU, estas restricciones ayudan a reducir el consumo de grasas de baja calidad y ultraprocesados en edades tempranas.
Información diaria a las familias: una medida clave
Otra de las novedades que destaca la organización es la obligación de que los colegios faciliten a las familias el menú diario. La OCU considera que esta transparencia permite planificar mejor las cenas y el resto de comidas en casa, evitando duplicidades y favoreciendo una dieta equilibrada.
Según recuerda la organización, el objetivo es combatir un problema que sigue siendo relevante: el exceso de peso infantil, que afecta al 36% de los niños de 6 a 9 años. En este contexto, disponer del menú con antelación también facilita que los padres comprueben si el centro cumple los requisitos, incluida la fruta fresca en menús escolares obligatoria.
Una calculadora para comprobar si el comedor cumple
Junto a este recordatorio, la OCU ha promovido una calculadora de menús escolares que permite verificar si la programación del comedor se ajusta a una alimentación sana y variada. La herramienta, desarrollada con apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ayuda a revisar la presencia de frutas, verduras, proteínas y el cumplimiento de los límites de frituras y precocinados.
La organización anima a las familias a usarla como apoyo para comprobar el grado de cumplimiento del centro y, si detectan desviaciones, trasladarlas a la dirección o al consejo escolar. En su mensaje, la OCU insiste en que el cambio normativo es una oportunidad para consolidar hábitos saludables desde la infancia, especialmente cuando se cumple el criterio de fruta fresca en menús escolares obligatoria.
Lo que aún falta: verduras “de verdad” y más tiempo de comedor
Pese a los avances, la OCU sostiene que todavía quedan aspectos por mejorar. Uno de ellos es la forma en la que se presentan las verduras y hortalizas. Según la organización, en muchos casos se sirven en forma de puré, lo que puede facilitar la ingesta, pero también limitar que los niños se acostumbren a ver y comer las piezas enteras.
La entidad también propone renovar el enfoque de las ensaladas. Sugiere variar hojas, hortalizas y colores para que resulten más atractivas y se desperdicien menos. En la misma línea, considera que es importante establecer un tiempo mínimo de comedor para los más pequeños —por ejemplo, 30 minutos— para evitar la presión de comer rápido y aprovechar ese momento como espacio educativo de hábitos saludables.
Cocinas in situ y gestión de excedentes
Por último, la OCU pide avanzar en el impulso de cocinas dentro de los propios centros. Según sus análisis, los menús elaborados externamente suelen presentar una calidad inferior a los preparados in situ, donde es más fácil controlar el punto de cocción y la frescura de los alimentos.
La organización también plantea regular mejor la donación de excedentes alimentarios a familias necesitadas, siempre bajo criterios de seguridad, y recuperar compromisos consensuados con las comunidades autónomas en años anteriores, como limitar la venta de determinados productos poco saludables en el entorno escolar.
Mientras tanto, la OCU insiste en que el cumplimiento de los mínimos ya aprobados —especialmente la fruta fresca en menús escolares obligatoria— puede marcar una diferencia real en la alimentación diaria de miles de niños.
