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Mañueco defiende un gobierno en solitario para Castilla y León

El candidato popular asegura ante Feijóo que buscará el diálogo con otras fuerzas políticas, pero descarta tajantemente cualquier acuerdo con el PSOE autonómico.

El presidente del Partido Popular de Castilla y León y candidato a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, ha marcado este lunes el paso de su estrategia postelectoral. Durante su asistencia a la Junta Directiva Nacional del PP en Madrid, presidida por Alberto Núñez Feijóo, el barón autonómico ha dejado clara su hoja de ruta: evitar las coaliciones y tomar las riendas de la Junta en solitario.

«Vamos a estar a la altura de lo que nos han demandado los ciudadanos y no les vamos a fallar porque lo nuestro es cumplir», ha aseverado Mañueco ante sus compañeros de filas, insistiendo en que la prioridad absoluta es «construir un proyecto sólido» que garantice el futuro de la región.

La experiencia como aval para evitar coaliciones

A su salida del encuentro, y a preguntas de los medios de comunicación, el líder autonómico no ha dudado en comparar sus vivencias pasadas al frente del Ejecutivo castellanoleonés para justificar su postura actual. Mañueco ha recordado cómo fue liderar un gobierno de coalición frente a uno compuesto íntegramente por su partido.

Para el candidato popular, la balanza se inclina claramente hacia una sola dirección:

  • Crecimiento económico: Considera que las políticas sin interferencias de socios de gobierno han sido más fructíferas para el tejido productivo.

  • Gestión pública: Ha defendido que los servicios públicos se administran de forma «más eficaz» con un equipo monocolor.

  • Estabilidad política: Un factor clave que, a su juicio, se garantiza mejor sin las tensiones propias de una coalición.

«Lo mejor para mi tierra ha sido un Ejecutivo en solitario», ha sentenciado con firmeza, enviando un mensaje velado pero directo a Vox, formación que en los últimos días ha incrementado la presión exigiendo entrar en el gobierno autonómico.

Diálogo abierto, pero con una línea roja inquebrantable

A pesar de su deseo de gobernar sin ataduras, Mañueco es consciente de la aritmética parlamentaria que arrojaron las urnas. El candidato ha interpretado los resultados electorales como un doble mandato ciudadano: por un lado, un «respaldo al balance de gestión y al proyecto de futuro» del PP; y por otro, una clara necesidad de llegar a acuerdos.

«Nos han hecho un encargo al Partido Popular de dialogar con el resto de fuerzas políticas y es lo que vamos a hacer», ha admitido. Sin embargo, este afán negociador tiene un límite infranqueable.

El presidente en funciones ha cerrado la puerta a cualquier tipo de acercamiento con la principal fuerza de la oposición. Ha dejado claro que con los dirigentes de lo que él denomina el ‘sanchismo’ en Castilla y León (en referencia al PSOE liderado por Carlos Martínez) no habrá margen para el entendimiento: «No vamos a pactar ningún acuerdo de gobierno».

Con esta declaración de intenciones, Mañueco da el pistoletazo de salida a unas semanas de intensas negociaciones donde el PP tendrá que hacer encaje de bolillos para lograr una investidura exitosa sin ceder sillones en su Consejo de Gobierno.

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