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El luto negro extraña a Menchu Manzano la ‘manola blanca’ de la Semana Santa leonesa

En una ciudad rendida al azabache por la muerte del Nazareno, el recuerdo de la mística figura de blanco se vuelve más profundo

La Semana Santa de León ha recuperado su semblante más severo. Este año, al mirar las filas de mujeres que escoltan nuestros pasos, el negro es el soberano absoluto. No hay concesiones: el encaje de las mantillas, los vestidos y los guantes guardan un luto riguroso por la muerte del Nazareno, tal y como dictan la tradición y el respeto. Sin embargo, en medio de esa marea de azabache, el ojo del leonés busca inconscientemente un destello que ya no existe. La manola blanca de la Semana Santa leonesa, ese misterio que caminaba a contracorriente, Menchu Manzano  se fue el pasado año y con ella se llevó una parte de nuestra mística urbana.

Es cierto que, por protocolo y liturgia, el luto debe ser negro. El Viernes Santo no admite distracciones ante el dolor de la Virgen. Pero aquella mujer, la manola blanca de la Semana Santa leonesa, no era una cuestión de moda, sino una excepción espiritual que todos habíamos aceptado como parte del paisaje emocional de nuestra Pasión. Su ausencia este año hace que el negro de las actuales manolas se sienta, paradójicamente, más oscuro.

El rigor frente a la leyenda

Hoy, las calles de León son un ejemplo de orden y tradición. Las manolas visten de negro con una elegancia sobria, cumpliendo con el precepto de acompañar al Señor en su sacrificio. Pero esa corrección resalta aún más el vacío de quien, vestida de blanco, representaba algo que nadie alcanzaba a explicar pero que todos respetaban. Menchu Manzano era el verso suelto de un poema que ahora, perfectamente rimado en negro, parece haber perdido su metáfora más enigmática.

Echamos de menos ese contraste. Echamos de menos el debate silencioso que generaba su paso por la Calle Ancha o el Barrio Húmedo. Mientras el resto de la ciudad se vestía de sombra, ella mantenía una luz que se ha apagado definitivamente.

Una ausencia que procesiona en silencio

En esta nueva Semana Santa, el respeto al Nazareno es total. El luto es impecable. Pero entre el aroma a incienso y el sonido de las cornetas, hay un murmullo que se repite entre los que conocen la historia de nuestras calles: «Ya nadie va de blanco». La manola blanca de la Semana Santa leonesa se convirtió en leyenda precisamente por eso, por ser la única capaz de sostener ese color cuando el mundo se teñía de luto.

«El negro es el color del respeto, pero el blanco de aquella manola era el color del recuerdo y la esperanza de vida y resurrecion «.

León sigue cumpliendo sus ritos. El Nazareno sale a hombros y las mantillas negras lloran tras él con una dignidad ejemplar. Pero en algún rincón del subconsciente colectivo de la ciudad, seguimos esperando ver aparecer esa silueta clara que desafiaba la norma. La manola blanca de la Semana Santa leonesa ya no está, y aunque el negro sea el color que corresponde, León no puede evitar echar de menos el misterio que se fue con ella, con Menchu Manzano

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