Las últimas excavaciones dirigidas por el grupo de Investigación Historia y Arqueología de la Universidad de León (ULE) en el yacimiento de La Peña del Castro, en el municipio leonés de La Ercina, han permitido documentar un complejo religioso de la Edad del Hierro en La Peña del Castro de carácter excepcional. Los investigadores han identificado un conjunto de dos templos con un notable estado de conservación, situados junto a una de las entradas principales del poblado y asociados a rituales con restos de combustión y ofrendas.
Según el director de las intervenciones y profesor del Departamento de Historia de la ULE, Eduardo González Gómez de Agüero, el uso de estas instalaciones se encuadra entre los siglos II y I a. C.. La novedad de la campaña de agosto de 2025, dentro de la octava intervención en el enclave, ha sido la documentación detallada de un edificio que ya se había localizado en campañas anteriores y que ahora revela indicios claros de actividad ritual.
Un edificio de culto con planta en “D” y un altar marcado por el fuego
El primero de los edificios, construido en piedra y ubicado junto al acceso suroeste del poblado, se levanta en plena calle principal del asentamiento y presenta una planta singular en forma de “D”, con un diámetro aproximado de seis metros. En su fábrica destaca el uso de arenisca de tonalidad amarilla, un rasgo que ayuda a diferenciarlo dentro del urbanismo del yacimiento.
El acceso se realizaba mediante una entrada sobreelevada con escalones, y el interior se mantenía diáfano, aunque parcialmente ocupado por una plataforma. Allí se localizó un gran altar de morfología cuadrangular cuya superficie aparece intensamente alterada por el uso reiterado del fuego. En el interior del altar, los arqueólogos recuperaron restos carbonizados de huesos de animales domésticos y cereales, una evidencia directa de rituales con ofrendas animales y vegetales. Para el equipo, estos hallazgos refuerzan la importancia del complejo religioso de la Edad del Hierro en La Peña del Castro como fuente para comprender prácticas simbólicas difíciles de rastrear por otros medios.
Dos templos frente a frente, unidos por un paso elevado
La investigación no se limita a un único edificio. Este primer espacio de culto se encontraba directamente relacionado con otro templo situado frente a él, al otro lado de la calle principal, y conectado por un paso elevado realizado con bloques de piedra. Ese elemento de unión convierte ambos edificios en un conjunto unitario, pensado —según interpretan los especialistas— para un uso ritual coordinado.
La segunda estructura, excavada en 2014, comparte una concepción arquitectónica similar: también presenta planta en “D” y un acceso elevado. Sin embargo, es de mayor tamaño, con un diámetro aproximado de ocho metros, y se construyó con piedra de tonalidad rojiza, lo que refuerza su identidad dentro del conjunto.
En su interior, el edificio se organiza en tres estancias. Una de ellas albergaba un altar realizado con lajas de piedra situado en el extremo oeste. Además, en una sala contigua, el equipo recuperó un ajuar ritual especialmente significativo, entre el que sobresalen un gran cuchillo sacrificial y varios recipientes asociados a prácticas de purificación. En la entrada del edificio, ya en la calle de acceso al poblado, se documentó también un pozo excavado que habría sido utilizado para depositar ofrendas.
Qué significa el hallazgo: divinidades agrícolas y fuerzas de la tierra
Los especialistas plantean que ambos templos formarían un complejo destinado al culto de divinidades relacionadas con los ciclos agrícolas y con fuerzas ctónicas o vinculadas a la tierra. La singularidad, apuntan, no reside solo en la presencia de espacios rituales —algo recurrente en el norte peninsular—, sino en la configuración urbana del conjunto: varios edificios, próximos a un acceso clave del poblado y conservados en muy buen estado.
En esa línea, el director de la excavación subraya el valor informativo del complejo religioso de la Edad del Hierro en La Peña del Castro para estudiar creencias prerromanas que suelen dejar pocas huellas. A la vez, los investigadores consideran que estas construcciones participan en procesos de monumentalización del asentamiento, vinculados a una etapa de creciente complejización social. Ese contexto incluiría la diferenciación social entre los habitantes, la privatización progresiva de espacios públicos y una intensificación de relaciones con comunidades de la Meseta.
Nuevas vías de estudio en laboratorio
Los materiales recuperados abren ahora una fase clave: el análisis en laboratorio. Los trabajos de estudio y clasificación se están realizando en la Universidad de León, por el mismo equipo responsable de la excavación de campo. El objetivo es afinar la interpretación del conjunto, conocer mejor las dinámicas rituales y profundizar en los modos de vida de estas comunidades del norte peninsular antes de la llegada de Roma.
Las excavaciones de 2025 se enmarcan en el proyecto “Territorio y Patrimonio. Los pilares un turismo cultural sostenible en el medio rural”, integrado en el programa INTERREG VI-A de Cooperación Transfronteriza España-Portugal y cofinanciado junto a la Junta de Castilla y León. Además, la campaña contó con apoyo económico y material del Ayuntamiento de La Ercina.
En un territorio donde los vestigios religiosos de la Edad del Hierro suelen aparecer de forma fragmentaria, el yacimiento leonés aporta un caso de estudio especialmente sólido: dos templos conectados, altares con señales claras de uso y ofrendas que permiten reconstruir, paso a paso, la dimensión espiritual de una comunidad que aún no había entrado en la órbita romana.