
Una reciente y reveladora investigación liderada por el Dartmouth College en EE. UU. ha confirmado una preocupante tendencia: la salud mental de los jóvenes está en grave declive, un fenómeno que ha provocado la desaparición de un patrón social conocido como la ‘joroba de la infelicidad’. Este gráfico, tradicionalmente en forma de «U» invertida, mostraba que el malestar alcanzaba su punto máximo en la mediana edad, alrededor de los 50 años, antes de disminuir. Sin embargo, en muchas sociedades, esta curva ha sido reemplazada por una pendiente descendente que empieza en la juventud y se mantiene en la edad adulta.
El estudio, publicado en la revista PLOS One, analizó datos a gran escala de más de 10 millones de personas en 44 países, incluyendo a Estados Unidos, Reino Unido y España. Los resultados mostraron que el deterioro en el bienestar juvenil es una tendencia global que se ha acelerado drásticamente.
Un cambio global con causas complejas
Este hallazgo rompe con una de las regularidades más documentadas en las ciencias sociales, que sostenía que el mayor bienestar se experimentaba en la infancia y la vejez. La doctora en psicología Maite Garaigordobil, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), externa a la investigación, enfatiza que este cambio es «relevante y preocupante», vinculándolo a debates actuales sobre el impacto de las redes sociales, la desigualdad generacional, la precarización laboral y los efectos residuales de la COVID-19.
Los gráficos elaborados en el estudio son contundentes: muestran cómo, en países como Estados Unidos y Reino Unido, los niveles de desesperanza en personas menores de 25 años han aumentado de forma progresiva desde 1993, con un pico especialmente pronunciado entre las mujeres jóvenes. Alex Bryson, uno de los autores del estudio, señala que si bien este declive comenzó hace algún tiempo, se aceleró entre 2012 y 2015, lo que cambió el perfil de edad del malestar mental de manera irreversible.
Diferencias y futuro de la investigación
El estudio señala que estos cambios son más evidentes en las economías avanzadas de habla inglesa y en América Latina, siendo menos pronunciados en África. Los autores reconocen ciertas limitaciones en su metodología, como el uso de autoinformes subjetivos, y subrayan la necesidad de más investigación para comprender en profundidad los factores que explican este cambio radical.
Aunque no se puede determinar una única causa, los autores sugieren que el contexto social, la limitada financiación de los servicios de salud mental y el auge de Internet y las redes sociales son factores que han influido en este fenómeno. El estudio es el primero en demostrar que el deterioro de la salud mental de los jóvenes ha logrado alterar por completo un patrón de bienestar humano que se consideraba universal. Conocer los factores que explican este cambio es uno de los temas centrales de la investigación actual.
Fuente: SINC