La reconfiguración de la izquierda española ha entrado en una fase decisiva. Izquierda Unida (IU) ha decidido mover ficha en el tablero político y ha sentenciado que la marca Sumar, tal y como está concebida actualmente, «no es un instrumento capaz de aglutinar al conjunto» de las organizaciones progresistas del país.
Esta conclusión forma parte del borrador de informe político elaborado por el coordinador federal, Antonio Maíllo, que se debate este sábado en la Coordinadora Federal de la formación. El documento no es solo un análisis de situación, sino una hoja de ruta que plantea un desafío implícito al liderazgo actual del espacio, encabezado por la vicepresidenta Yolanda Díaz, y abre la puerta a un escenario de primarias y reformulación de alianzas.
Una nueva marca para evitar la «confusión»
El diagnóstico de Maíllo es claro: la confluencia actual sufre un problema de diseño. El hecho de que la coalición electoral comparta nombre con el partido «Movimiento Sumar» ha generado, a juicio de IU, la «confusión del todo por la parte».
Para remediarlo, la organización defiende la creación de una nueva coalición electoral de cara a las próximas elecciones generales. La condición sine qua non es que esta nueva plataforma opere bajo una marca inédita y neutral, que no coincida con las siglas de ninguno de los partidos integrantes.
Objetivo estratégico: Este cambio de nomenclatura no es meramente estético. Fuentes políticas interpretan este movimiento como una maniobra para facilitar el retorno de actores que rompieron con el espacio, singularmente Podemos, cuya salida en 2023 fracturó el voto de la izquierda alternativa.
El propósito de Maíllo es «revalidar las alianzas actuales», manteniendo a socios como Comunes, Más Madrid y Compromís, pero ampliando el perímetro para construir un verdadero «frente amplio» capaz de frenar lo que denomina la «barbarie» de un hipotético gobierno de PP y Vox.
Distanciamiento del PSOE
El informe de IU también recalibra la relación con el socio mayoritario del Gobierno. Maíllo insta a que el espacio a la izquierda del PSOE marque un perfil propio mucho más acentuado. El coordinador federal carga contra el «alma neoliberal y atlantista» de los socialistas, la cual, asegura, «impide una agenda de Gobierno de avance real».
Bajo la premisa de que «vivienda, trabajo, cesta de la compra asequible, dignidad y paz sean ya realidad», IU busca presionar para que la coalición gubernamental no se diluya en las políticas de estado tradicionales.
Autonomía y programa común
La receta de Izquierda Unida para esta nueva etapa se aleja de los hiperliderazgos y apuesta por la coralidad. Maíllo propone trabajar en un programa común que sirva de cohesión, pero que sea escrupulosamente respetuoso con la «autonomía» de cada partido.
El objetivo es dejar de «hablar de sí mismos» para activar un proceso movilizador social. Con este movimiento, IU intenta recuperar el peso político perdido en la arquitectura orgánica de Sumar y situarse como el eje vertebrador de una futura candidatura de unidad que supere las fricciones de los últimos años.
