El Área Deportiva de Puente Castro ha sido el escenario perfecto para la celebración del Festival de Canteras de Castilla y León de Rugby. Las instalaciones municipales leonesas se han llenado de vida, deporte y buen ambiente en una jornada que ha logrado reunir a cerca de 2.000 personas, sumando el entusiasmo de jugadores, jugadoras, cuerpos técnicos y familiares desplazados desde distintos puntos de la geografía autonómica.
Éxito absoluto de convocatoria: 800 jóvenes promesas
El evento, organizado de forma conjunta por el León Rugby Club y la Federación de Rugby de Castilla y León, ha contado con el respaldo y la colaboración activa de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de León. Esta sinergia ha hecho posible una de las concentraciones deportivas más destacadas del año en la ciudad.
Las cifras de participación reflejan la excelente salud de la que goza el rugby base en la región. Sobre el césped de Puente Castro se han congregado más de 800 niños y niñas de edades comprendidas entre las categorías Sub 6 y Sub 12. Estos pequeños deportistas, integrados en 55 equipos pertenecientes a una decena de clubes de toda Castilla y León, han sido los verdaderos protagonistas de la jornada.
Respaldo institucional y fomento de los valores deportivos
La cita deportiva ha contado con una notable representación institucional. El alcalde de León, José Antonio Diez, y el concejal de Deportes, Vicente Canuria, acompañados por otros miembros de la Corporación municipal, han asistido al festival para mostrar, una vez más, el firme apoyo del consistorio leonés al fomento del deporte base.
Durante toda la mañana, los campos se han transformado en un auténtico hervidero de actividad con la disputa de múltiples encuentros simultáneos. Más allá de la competición, el Festival de Canteras ha brillado como un espacio de convivencia deportiva. Los jóvenes rugbiers han podido demostrar sus destrezas técnicas en el campo, pero sobre todo, han hecho gala de los principios fundamentales que caracterizan a este deporte. En Puente Castro se ha respirado una atmósfera de pura celebración deportiva donde el compañerismo, el trabajo en equipo y el máximo respeto al rival y al árbitro han sido la norma.