Un bloque común formado por la comunidad científica, profesionales de la salud mental, pediatras y asociaciones de familias ha alzado la voz contra la actual política de digitalización en las aulas. Entidades de gran peso autonómico se han unido para presentar alegaciones conjuntas ante la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León, instando a una revisión profunda de la reciente ‘Guía de recomendaciones de uso de medios digitales para la comunidad educativa’.
Los firmantes aseguran que el documento actual «no defiende el interés del menor», ya que da por sentada la necesidad de utilizar dispositivos sin aportar evidencia científica robusta sobre sus beneficios educativos y obviando por completo los riesgos para la salud que conlleva el abuso de internet y pantallas.
El frente común está integrado por el Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León (COPCYL), la Asociación de Pediatría de Atención Primaria de Castilla y León (APAPCYL), el proyecto Escuela Saludable de Ecologistas en Acción, la Asociación Adolescencia Libre de Móviles y la Asociación de Familias para una Digitalización Responsable (AFADIR).
La evidencia científica frente a la exposición digital
Los expertos alertan de que el impacto de la tecnología en los menores ha trascendido lo educativo para convertirse en un problema sanitario. La principal crítica hacia la guía autonómica es que no recoge las recomendaciones de tiempo máximo de uso establecidas por la Asociación Española de Pediatría, que son contundentes:
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De 0 a 6 años: Cero horas diarias frente a una pantalla.
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De 6 a 12 años: Un máximo de una hora al día.
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A partir de los 12 años: Un máximo de dos horas diarias.
Los especialistas advierten que, en este cálculo, no solo cuenta el ocio en el hogar, sino que también computan el tiempo escolar y los deberes. Introducir dispositivos de uso individual de forma habitual en los colegios, como las tabletas, provoca que se superen con creces estas líneas rojas sanitarias.
El peligro de los móviles como herramienta escolar y la brecha de equidad
El COPCYL lleva más de una década argumentando en contra de la incorporación de dispositivos digitales obligatorios en Educación Primaria, apostando por un aprendizaje experiencial acorde al desarrollo evolutivo y la socialización de los niños en esta etapa crítica.
Además, los profesionales denuncian una práctica cada vez más extendida en Educación Secundaria: pedir a los alumnos que utilicen sus propios smartphones para realizar tareas. Esta exigencia no solo normaliza la tenencia de teléfonos móviles antes de los 16 años (edad desaconsejada por los expertos), sino que genera desigualdades sociales y discrimina a los alumnos que no disponen de uno. Por ello, exigen que se restrinja el uso de teléfonos personales para fines escolares y se utilicen los dispositivos adecuados que ya poseen los centros.
Conductas adictivas y normativas obsoletas
La inclusión de plataformas interactivas de gamificación en la guía para el profesorado es otro de los puntos de fricción. La evidencia científica asocia el uso intensivo y precoz de estos entornos con serios riesgos para el desarrollo neuropsicológico, así como problemas de salud física y mental. Durante la adolescencia, el abuso digital dispara:
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El riesgo de adicción.
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Conductas problemáticas como el ciberacoso y el sexting.
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Alteraciones del sueño.
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Aumento de la ansiedad, síntomas depresivos y sensación de soledad.
A estos factores clínicos se suma un problema burocrático grave: la guía se sostiene sobre una normativa del año 2007. Esta regulación, que habla de «aparatos electrónicos», es incapaz de dar respuesta al complejo ecosistema digital de 2026, marcado por la Inteligencia Artificial, los deepfakes, la huella digital y la privacidad en redes sociales.
A pesar de sus firmes alegaciones, las asociaciones científicas han tendido la mano a la Consejería de Educación, ofreciendo su colaboración para redactar un nuevo manual basado en el rigor científico. Entienden que la tecnología tiene valor educativo si se usa de forma limitada y adaptada a la edad, pero insisten en una premisa clara: «Hay siempre alternativas para aprender lo mismo sin tener que utilizar los dispositivos digitales».
