El tablero político español vive una de sus semanas más determinantes. Con el reloj avanzando hacia el 3 de marzo, fecha en la que expira el plazo para constituir la Junta de Extremadura y las Cortes de Aragón, el Partido Popular ha ejecutado un movimiento táctico de alto voltaje. La portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, ha confirmado que su formación apoyará este martes la toma en consideración de la propuesta de Vox para prohibir el uso del burka y el niqab en espacios públicos.
Este gesto no es una coincidencia. Es una señal directa a Santiago Abascal en un momento de máximo bloqueo. «PP y Vox tienen que entenderse y llegar a un acuerdo porque la prioridad son los españoles», ha sentenciado Muñoz, enmarcando esta decisión en el compromiso adquirido por el partido en su Congreso de julio.
El factor tiempo: Aragón y Extremadura en el aire
La dirección nacional de Alberto Núñez Feijóo se encuentra en una encrucijada. Mientras el líder del PP insiste en su voluntad de «gobernar en solitario» a nivel nacional, la realidad territorial impone otra narrativa. El fantasma de la repetición electoral en dos comunidades clave obliga a Génova a buscar puntos de unión con Vox, y la seguridad ciudadana y la identidad parecen ser el terreno elegido.
Feijóo ha sido gráfico en sus últimas intervenciones, apelando a que a ambas formaciones les unen «muchas más cosas de las que las separan». El apoyo al veto del velo integral es la «alfombra roja» —usando términos de la actualidad económica— que el PP extiende para evitar un descalabro en las urnas autonómicas en marzo.
La inmigración como puente de mando
Más allá del debate sobre el burka, el endurecimiento del discurso migratorio se ha consolidado como el principal nexo entre ambas derechas. Feijóo ha elevado el tono contra la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, calificando de «demagógica e inmoral» la regularización masiva de migrantes.
El PP ha fijado tres líneas rojas para la integración que resuenan con fuerza en el electorado de Vox:
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Contrato de trabajo en vigor.
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Ausencia de antecedentes penales.
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Efectiva integración social.
«Yo no seré el que regale la nacionalidad española», sentenció Feijóo en su reciente entrevista en El Mundo, alineándose con la tesis de control fronterizo que reclama su potencial socio de gobierno.
Una «pinza» feminista y de seguridad
Curiosamente, la prohibición del burka ha encontrado apoyos transversales fuera del eje PP-Vox. Voces del feminismo histórico, como la exdiputada Ángeles Álvarez, han recordado que estas prendas representan un «control social sobre el cuerpo femenino» y hacen a las mujeres «invisibles en el espacio público». Este argumento permite al PP presentar su apoyo a la medida no solo como una concesión a Vox, sino como una defensa de los valores constitucionales e igualitarios.
Desconfianza en las filas de Abascal
A pesar del acercamiento, la desconfianza persiste. Desde Vox se sigue criticando la supuesta tibieza de Feijóo frente a la llegada de cayucos y la gestión de la ley. Para la formación de Abascal, el apoyo al veto del burka es un paso necesario, pero insuficiente para garantizar un pacto de gobierno estable.
Las próximas 48 horas serán cruciales. Si el «gesto del burka» logra rebajar la tensión, el PP podría salvar sus gobiernos autonómicos; de lo contrario, España se asomará a una nueva cita con las urnas en primavera.