El sistema sanitario se encuentra en una encrucijada. Lo que comenzó como protestas aisladas se ha convertido en una oleada de huelgas médicas que recorre el país, poniendo sobre la mesa un debate que trasciende lo laboral: el modelo de sanidad que queremos para las próximas décadas. Los facultativos no solo piden mejoras en sus nóminas; denuncian un «agotamiento sistémico» que pone en riesgo la seguridad del paciente.
Reivindicaciones: Más allá del salario
Aunque la recuperación del poder adquisitivo perdido desde la crisis de 2008 es un punto central, las demandas actuales son eminentemente asistenciales. Los sindicatos médicos coinciden en tres pilares:
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Limitación de agendas: En Atención Primaria, muchos facultativos atienden a más de 40 o 50 pacientes al día. Exigen un máximo de 35 pacientes por jornada y un mínimo de 10 minutos por consulta para garantizar una atención digna.
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Fin de la precariedad contractual: La alta tasa de interinidad y los «contratos basura» por días o semanas impiden la continuidad asistencial, clave para el seguimiento de enfermedades crónicas.
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Jornada laboral y descansos: La exigencia de que las 24 horas de guardia computen a efectos de jubilación y se respete el descanso de 36 horas semanales tras la jornada de guardia.
El derecho a la huelga frente a los servicios mínimos
La huelga es un derecho fundamental, pero en el sector sanitario choca frontalmente con el derecho a la salud de los ciudadanos. Por ello, la fijación de servicios mínimos es siempre el punto más polémico.
Los tribunales suelen recordar que los mínimos deben ser proporcionales: suficientes para cubrir urgencias y cuidados críticos (UCI, oncología, diálisis), pero no tan elevados que anulen de facto el derecho de los médicos a presionar a la administración. En muchos casos, los profesionales denuncian que los servicios mínimos impuestos son «abusivos» y equivalen a una jornada ordinaria, lo que invisibiliza el conflicto.
Propuestas de solución: Un pacto por la sanidad
Para desatascar el conflicto, no basta con parches temporales. Las propuestas de los expertos y colegios profesionales se centran en:
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Inversión en Atención Primaria: Elevar el presupuesto de Primaria hasta el 25% del total de sanidad, permitiendo contratar más personal y mejorar la tecnología diagnóstica en los centros de salud.
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Plan de Retorno de Facultativos: Crear incentivos fiscales y laborales para los miles de médicos que se han ido a otros países de Europa donde los sueldos se duplican y la burocracia es menor.
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Aumento de plazas MIR y homologaciones: Agilizar la incorporación de nuevos especialistas y la homologación de títulos extranjeros para cubrir las jubilaciones masivas previstas para los próximos cinco años.
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Desburocratización: Contratar personal administrativo específico que libere al médico de tareas de gestión, permitiéndole dedicar el 100% de su tiempo a la labor clínica.
«No nos manifestamos para ganar más, nos manifestamos para no enfermar atendiendo», resume el sentir general en las puertas de los hospitales.
