
Cuidar los pies al correr cobra especial importancia con la llegada del frío. Aunque muchos corredores preparan las piernas y movilizan las articulaciones antes de empezar, los pies suelen recibir menos atención, pese a soportar el contacto con el suelo en cada zancada.
El doctor Ángel Villamor, director de la Clínica iQtra, propone incluirlos tanto en el calentamiento como en la recuperación. Además, aconseja observar las molestias que se repiten, ya que pueden aportar información sobre la forma de apoyar y distribuir el peso.
Su propuesta se centra en tres pautas: dedicar unos minutos a preparar la zona, evitar normalizar el dolor y revisar las señales que deja la pisada.
Dos minutos para preparar tobillos y dedos
La primera recomendación consiste en dedicar un par de minutos a movilizar los tobillos y los dedos antes de salir. La rutina también puede incluir un masaje suave en la planta y estiramientos cuidadosos de los dedos y de la fascia plantar.
Este tejido recorre la planta del pie y contribuye a sostener su arco. Por ello, el especialista plantea prestarle atención dentro de la preparación habitual, siempre sin forzar ni provocar dolor.
Al terminar la carrera, también recomienda reservar un momento para estos cuidados. La recuperación debe acompañarse de una reducción progresiva del ritmo y de unos minutos caminando.
El dolor que se repite requiere atención
La segunda pauta para cuidar los pies al correr es no acostumbrarse al dolor en el talón o en la planta. Una molestia que reaparece durante las salidas puede requerir una valoración para conocer su origen.
Según explica Villamor, el dolor en el talón puede estar relacionado con una fascitis plantar. Sin embargo, resulta necesario valorar la zona y los factores que pueden estar contribuyendo a esa molestia.
El especialista insiste en prestar atención cuando el dolor se repite, aumenta o modifica la forma de apoyar el pie. Identificar la causa permite orientar el tratamiento y evitar que el problema se prolongue.
Calzado y pisada: señales que conviene revisar
Las rozaduras y las callosidades recurrentes también merecen atención. De acuerdo con el director de iQtra, pueden estar relacionadas con fricciones continuadas y con la manera de apoyar el pie.
Por eso, recomienda comprobar que las zapatillas resulten cómodas, sujeten bien y tengan una amortiguación adecuada. A ello se suma el uso de calcetines de la talla correcta.
Si las molestias persisten, una valoración profesional puede ayudar a determinar si existe un problema biomecánico. El estudio de la pisada analiza cómo se apoya el pie y permite detectar alteraciones que pueden repercutir en las rodillas, la cadera o la columna.
El cuidado continúa después del ejercicio con movimientos suaves de tobillos y estiramientos de gemelos y de la musculatura de los pies. La recomendación del especialista es incorporar estas pautas a la rutina y prestar atención a las molestias recurrentes.



