DEJA VÚ

Tenía la sensación de haber estado aquí antes. Ese frío casi imperceptible posándose en mis mejillas hasta casi no poder sentirlas. Mojando mis labios para evitar que se agrietasen…

Creo que estuve aquí antes, pero no logro reconocer el paisaje.

Estoy en medio de un camino donde el invierno parece haber aparecido de repente y no sé como he llegado hasta ahí, pero me sigue resultando familiar, cuándo he estado yo aquí…

“Voy a caminar un poco más a ver si consigo encontrar algo que me ubique” – pensé.

Y empezar a dar un paso tras otro, cada vez hacía más frío, ahora ya no era solo una sensación. Se estaba apoderando de mis huesos, tenía que seguir caminando para mantenerme caliente.

Tenía los dedos de los pies entumecidos, había empezado a nevar y yo solo llevaba una trenca vieja y gastada que no me abrigaba lo suficiente.

Estaba cansada, muy cansada…no sé cuánto tiempo había caminado pero tenía la enorme necesidad de pararme y descansar, a mi derecha había un frondoso árbol bajo el que cobijarse. Parecía el sitio perfecto para esperar a que la tempestad amainase. Así que me dirigí hacia él, como si fuera mi última oportunidad de encontrar algo acogedor en ese paraje que se había vuelto tan hostil.

Sólo quería tumbarme y dormir…

Pero, de repente, una voz gritó a lo lejos mi nombre.

“Es imposible” – me dije  “Estoy en medio de ninguna parte, aquí no puede haber nadie”.

Pero la voz cada vez sonaba con más fuerza hasta que conseguí reconocerla. Era la voz de mi madre, gritando desesperada mi nombre.

Salí de golpe de mi letargo, me levanté y me puse a caminar hacía esa voz. No pensaba en nada más, mi madre me necesitaba, tenía que ir.

Aún tenía el cuerpo demasiado débil como para caminar deprisa, pero lo intentaba con todas mis fuerzas.

Cuando me quise dar cuenta, había dejado de nevar, el viento gélido que adormecía mis mejillas ya no estaba. El frío se había ido. Parecía que el invierno había terminado donde comenzó, en ese extraño camino.

Volví a casa, me costó bastante tiempo recuperarme de aquella experiencia, pero por fin recordé de que conocía ese sitio. Sí que había estado allí antes.

Era la depresión que me llevaba atormentando durante años, las sensaciones de frío y letargo eran exactamente las mismas cada vez que dejaba que la depresión se apoderase de mi. Era…”mi invierno” particular.

Hace mucho que no he vuelto a ese sitio y espero no volver.

Ahora paseo bajo la nieve por las calles de mi ciudad con un gorro de lana con un pompón gris, con las mejillas rojas y las manos amoratadas aún con guantes.

Pero ya no tengo frío.

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